paraguas de colores

La invasión de los paraguas de colores

Aparecieron sin previo aviso. Una sucesión de coloridos paraguas se elevó hacia el cielo caraqueño, en el Pasaje Linares entre la avenida Universidad y la Plaza El Venezolano, en pleno casco histórico de la ciudad.

Impulsada por la Alcaldía de Caracas, esta vistosa instalación emula el UmbrellaSky Project, iniciativa surgida en la ciudad portuguesa de Águeda con motivo de un festival local celebrado en 2011. Desde entonces, los “cielos de sombrillas” se han expandido hacia otras urbes como el paseo Coral Gables de Miami o la ciudad de Madrid.

Sobre los paraguas de colores en Caracas han escrito entusiastas y detractores. Hay quienes dicen que la obra no es sino un intento de “maquillar la realidad”, tapar el sol con algo brillante y bonito, que distraiga la atención y genere cientos de selfies.

En el otro lado de la acera se argumenta que “sin importar quién lo hizo”, el cielo de sombrillas “se ve arrechísimo y está de pinga”. Agregan que ese colorido paisaje ha logrado que los caraqueños se aventuren a conocer el casco histórico de la ciudad.

Ambas premisas tienen algo de cierto.

El chavismo ha impuesto sus fatídicos símbolos en cada espacio y superficie bajo su dominio, por ejemplo, el 23 de Enero y el Centro de Caracas. En ese contexto, el endógeno UmbrellaSky se presenta como un monumento más amigable, donde el ciudadano encuentra color y optimismo en una estampa muy pop digna de difundirse en las redes sociales.

Yo mismo prefiero unos paraguas de colores antes que los ojos de Chávez al estilo del Gran Hermano o la imagen donde Hugo y Nicolás aparecen en una pose calcada de Lenin y Stalin, rematada con la frase “Juntos Todo es Posible”, que al mismo tiempo dio nombre a la cuestionada campaña de la Alcaldía de Caracas para reemplazar  aceras de varias calles y avenidas. Una campaña que, vale acotar, solo dejó pérdida en el patrimonio urbano.

Un altar al socialismo en cada esquina

Pero la tregua visual que representó la exposición de una pieza aparentemente libre de connotaciones ideológicas caducó demasiado rápido, fulminada por Erika Farías (f), quien preside de facto la alcaldía Libertador. Farías aprobó una comisión especial para cambiar el escudo, la bandera y el himno de Caracas, con la intención de sustituir el emblemático león establecido como un ícono de la capital venezolana desde su fundación el 25 de julio de 1957, por los ojos del finado. Como hizo en diciembre, cuando cambió la felina estatua que custodiaba la autopista Valle Coche por la figura de la indígena Apacuana.

La intención es clara, proseguir con la deformación de nuestros conceptos estéticos e históricos, adaptándolos a sus ideales para hacer de cada esquina caraqueña un altar al socialismo del siglo XXI.

No puedo dejar de pensar que las imágenes de los paraguas que se viralizan en redes construyen la narrativa de una gestión que no existe. De esa manera los ciudadanos que buscan mostrar una cara más luminosa de la ciudad e insisten en que no se politice la obra en el fondo están siendo usados para hacer proselitismo.

Pero el quid de la cuestión, más allá de juzgar a alguien por tomarse una foto o no, es que esos paraguas de colores no implican una transformación real del espacio público, más bien construyen un espejismo. Una vez que se atraviesa el pasaje y sus coloridas sombrillas, saltan a la vista las fachadas sucias, grafiteadas y atiborradas de propaganda comunista.

No hay que ser un experto en urbanismos para darse cuenta de que la ejecución del caraqueño cielo de sombrillas se hizo a medias y sin planificación alguna. Uno de los edificios sobre los que se asienta la controvertida estructura es la viva estampa de la decadencia arquitectónica.

Foto: Luis Morillo | Crónica.Uno

Demás está decir que claro que importa quién colocó los paraguas en el Pasaje Linares y con qué dinero. La Alcaldía de Caracas es un ente público y como tal tiene el deber de informar a los ciudadanos el origen de la obra.

¿Realmente fue una donación de un artista extranjero?, como afirmaron extraoficialmente trabajadores responsables de la instalación. ¿O los recursos salieron de los fondos públicos? ¿Cuál fue el costo total del UmbrellaSky? El portal Crónica.uno estimó en  1917,6 dólares (352,5 salarios mínimos) solo el costo de las sombrillas.

Todas las anteriores son preguntas que, aunque no obtengan respuesta, deben hacerse en aras de la transparencia.

Si algo ha dejado claro el episodio de los paraguas es que los ciudadanos ansían la creación de espacios públicos que les permitan volver a disfrutar la ciudad. Pero para solventar esta necesidad se requiere de proyectos donde la transformación urbana unifique integralmente los ámbitos estético-artístico sustentable y recreativo. En otras palabras, además de una locación para admirar y tomarnos fotos, merecemos espacios donde convivir, encontrarnos y desenvolvernos. Podría empezarse por la recuperación de plazas, fuentes decorativas, esculturas, canchas deportivas, y murales concebidos desde el arte y no para la política.

Por Kevin Melean | @kevmelean