¿Hasta cuándo?

Por: @JuanSanoja

 

La oposición venezolana tiene quince años viviendo de la esperanza. Ha dedicado los últimos tres lustros de su quehacer político a pregonar un mensaje que año tras año ha chocado contra el doloroso muro de los hechos. Los partidos pertenecientes a la Mesa de la Unidad Democrática han vendido hasta el cansancio la idea de que el gobierno está por caer, de que el chavismo está en etapa terminal y de que el cambio en Venezuela es inminente. Y aquí estamos, cada vez más cerca del famoso 2021 y el país, en medio de la endemoniada crisis por la que atraviesa, pintado de rojo rojito. La oposición sufre hoy los embates de su propia incoherencia, las consecuencias de su difuso mensaje, la condena de su pobre estrategia. El rival del chavismo ha dado tumbos tratando de entender la dinámica de la política criolla y en el camino siempre le ha faltado timing. Por excusarse en el fraude cuando el gobierno arrasaba (2004), le costó construir una mayoría (2015) que, una vez conseguida, ha servido de poco. Este año prometieron, de nuevo, que ‘el régimen tenía los días contados’ y al final fue el chavismo el que les contó los días para que inscribieran unos candidatos en un CNE deslegitimado. Dijeron estar preparados para enfrentar cualquier tipo de trampa y resultó que terminaron cayendo en ella, porque fueron a elecciones con la convicción de que pintarían el mapa de azul y tras la declaración de Tibisay Lucena han quedado pintados. La oposición venezolana es la eterna subcampeona, el perenne ‘hicimos lo que pudimos’, el imperecedero David que no para de justificarse ante cada derrota contra Goliat, la que condena los abusos del gobierno y luego sonríe cuando dialoga con él. Son casi veinte años de infinitas promesas y de muy pocos resultados (dos de veintidós elecciones). Son casi dos décadas encerrados en un círculo vicioso que parece no tener final. No han dejado de competir con el mismo árbitro que tanto critican y la incongruencia les ha salido muy cara. El chavismo no tiene quien le compita.

San Agustín y la MUD

Al ‘errare humanum est’ de toda la vida, San Agustín le agregó un ‘sed perserverare diabolicum’, que no significa otra cosa sino que equivocarse repetidamente con lo mismo es digno del infierno. La sentencia cobra importancia cuando la última apuesta de la MUD (acudir a un proceso viciado y sin garantías) ha tenido el resultado esperado (un mapa pintado de rojo) pero no la respuesta adecuada. La dirigencia, que sabía a lo que se enfrentaba, ha lucido errática y descolocada. Con una tardanza inexplicable, reaccionó casi dos horas después y con las manos vacías. Mientras en el Comando los jefes de prensa hacían malabares para justificar la demora explicando que ésta se debía a que iban a salir con actas y números en mano, lo cierto es que cuando Gerardo Blyde habló –al filo de la medianoche– lo hizo sin siquiera una cifra, pura retórica apenas –“ellos saben que no son mayoría”, “el propio gobierno no puede explicar el resultado”–. Dio la impresión de haber sido sorprendido de buena fe –“lo intentamos y lo hicimos con conciencia democrática”– y, peor aún, de no tener plan  B: “urge unificarnos con una estrategia común (…) hacemos un llamado para que nos sentemos a planificar juntos una nueva fórmula”. No fueron más tranquilizantes las declaraciones de Liliana Hernández y Ángel Oropeza con César Miguel. “Necesitábamos organización, testigos y avalancha”, explicó Hernández, quien reconoció que no hubo avalancha y los testigos fallaron. “Carlos [Ocariz] perdió conectividad con el 30% de ellos”, reveló, lo que significa que, por ejemplo, en 30% de los centros de Miranda no habrá manera de comprobar nada y todo quedará en sospecha sin certeza. Por si no bastara, Oropeza, tras admitir que “en esas condiciones y con esos resultados es imposible reconocer nada”, asomó luego la posibilidad de acudir a las municipales –que probablemente serán en diciembre– y a las presidenciales –que también podrían ser adelantadas–. Para escribirlo pronto y bien: trece años después de su primera denuncia de fraude, la MUD vuelve a ser sorprendida, reacciona como en aquella madrugada de 2004 y lo que asoma es perseverar en lo que nos trajo a 2017. ‘Diabolicum’, diría San Agustín.

La táctica roja de Tibisay

El PSUV ha asumido la política como un niño malcriado frente a un juego de mesa. Al partido de gobierno no le gusta leer las reglas y, a su conveniencia, hace todo por cambiarlas. Con el paso del tiempo, cada vez se le ha hecho más cuesta arriba ganar y el número de trucos, en consecuencia, ha aumentado. Las elecciones regionales llegan después de una Constituyente que metieron a trocha y mocha en la que hasta Smartmatic salió a decir que hubo fraude. Llegan, también, con un ‘delay’ que lejos de ser casual, es bien intencional: el gobierno ha retrasado la elección y la ha puesto justo después de la ANC porque es el escenario más beneficioso que ha encontrado para no salir aplastado en las urnas. Con una oposición desmotivada y descontenta con sus líderes, el PSUV ve una rendija por donde colar gobernaciones. Esa, la del retraso, es sólo una de las diez irregularidades (trampas) que marcarán el próximo 15-O, según explica Eugenio Martínez en Diario Las Américas. El domingo, los candidatos de la oposición no aparecerán dentro de la tarjeta de la MUD, debido a que jueces la anularon en siete estados y el TSJ todavía procesa una demanda presentada por el PSUV para anular a la Mesa de la Unidad como partido. Para más inri, el CNE no permitió la sustitución de candidatos, por lo que en la pantalla, al momento de sufragar, el elector verá a todos los dirigentes opositores que compitieron en las primarias, una confusión que puede costar votos. Martínez, por otra parte, comenta que el proceso no tendrá los observadores nacionales de siempre y que, además de no contar con el simulacro, en las elecciones no estará presente la UNASUR como acompañante internacional. Por el viraje ideológico de muchos de sus miembros, el CNE prescindió de la organización y prefirió al CEELA, una institución promovida y financiada por el gobierno venezolano. La guinda al pastel es la manipulación del RE: se desaparecieron votantes, se eliminaron centros y hubo cambios de última hora. A esto se le suma la falta de tinta indeleble, la no notificación a los miembros de mesa, la campaña con recursos públicos y los puntos de votación con nombres como: “Chávez vive, la lucha sigue”.

La oposición contra su incoherencia

La oposición medirá el domingo las secuelas de su incoherencia. Pondrá en números el impacto de su difuso mensaje, de consignas que prometían la inminente caída del gobierno por medio de una supuesta hora cero que el reloj nunca marcó. El 15-O se celebra la vigésimo segunda elección bajo el manto chavista y la Mesa de la Unidad deberá demostrar, nuevamente, que es mayoría. Lo tendrá que hacer convenciendo a sus electores de que en dictaduras también se vota, de que con este CNE fraudulento es posible ganar y de que votar es un método más de protesta. El gobierno, mañoso como siempre, volvió un ocho a su adversario: días después de la Constituyente instaló el tema de las regionales en la opinión pública. La MUD tenía que decidir si inscribía o no a sus candidatos y fue allí, el día que Smartmatic confirmó el fraude, cuando Ramos Allup informó que Acción Democrática participaría en los comicios. Con polemiquísimas declaraciones, el líder del histórico partido se atrevió a meter la mano en la candela y luego recogió los frutos: AD apoya a 16 de los 23 candidatos de la MUD. Con esos nombres, la oposición no sólo está obligada a ganar, sino que debe repetir una paliza similar a la de las Parlamentarias 2015: sin una contundente victoria, la presión internacional menguará y el diálogo favorecerá, otra vez, a los rojos. La MUD cuenta en la actualidad con sólo tres gobernaciones (Capriles en Miranda y dos exchavistas en Lara y Amazonas: Henri Falcón y Liborio Guarulla) y las encuestas dicen que pudiese llegar a 18, pero todas ponen un gran asterisco que se resume en un lugar común: el enemigo es la abstención. Mientras más gente salga a votar, más gobernaciones serán azules. Según Venebarómetro, 55,7% de los venezolanos están completamente seguros de sufragar el 15 de octubre. Con ese porcentaje, dice Guanipa, la oposición pudiese ganar todas las gobernaciones. Luis Vicente León estima que la participación estará entre 50-60%: en el mejor de los casos (con una abstención ‘normal’), la oposición conseguiría entre 18 y 21 gobernaciones; en el peor (con una abstención anómala), la mitad de los puestos en disputa.

Vargas Llosa marchó y habló duro contra el nacionalismo catalán

De bien nacidos, dice el refrán, es ser agradecidos. Y si alguien tiene que darle gracias a Barcelona, ése es Mario Vargas Llosa. Fue allí donde le publicaron sus dos primeros libros –‘Los Jefes’ y ‘La ciudad y los perros’–. Fue allí donde conoció a Carlos Barral (su editor) y a Carmen Balcells (su agente), los dos pilares de su carrera literaria. Y fue allí, a confesión propia, donde se hizo escritor. Se mudó a la ciudad en el verano de 1970, llevado por Balcells, quien le ofreció $500 mensuales –lo que ganaba dando clases en Londres– para que se dedicara sólo a escribir, sin tener ninguna otra distracción ni obligación. “El ambiente de Barcelona era estimulante. Fueron años muy fecundos, de gran camaradería y amistad. Existía un clima de mucha esperanza, la seguridad de que la dictadura se terminaba, de que hacía agua por todos lados, y que la España que vendría sería no solamente libre sino que en ella la cultura y la literatura jugarían un papel central”. Así la recordaba. Por eso, se entiende, ahora que la ciudad está en la víspera de caer bajo el yugo de otra dictadura, esta vez de corte separatista, se sumó a su defensa. Ya no el Mario joven de 34 años que allí vivió, sino el señor Nobel de 81, con menos cabello pero el mismo peinado –finalmente destrozado por el aire–. Vargas Llosa encabezó ayer, junto con otras personalidades, la que todo parece indicar ha sido la mayor manifestación de la historia reciente de España –la cifran en casi un millón de personas–, cuyo fin fue decirle no al totalitarismo nacionalista. “Queremos que Cataluña vuelva a ser la Cataluña capital cultural de España, como era cuando yo vine a vivir aquí, en unos años que recuerdo con enorme nostalgia”, dijo ante la multitud, en un enérgico discurso que no por improvisado fue menos bueno y que se trató, por encima de todo, de un acto de nobleza, valentía y coherencia, de un hombre que –a diferencia de tantos nuestros– no se escuda en su condición de ‘artista’ para callar y ser cómplice, sino que se mete en la candela y defiende lo que su conciencia le manda.

Ramón Guillermo Aveledo

​-¿Por qué no cayó la dictadura?

-Yo me planteo, en lugar de ‘¿Por qué no cayó?’, ‘¿Por qué no ha caído?’. Con gobiernos como este, no se puede sacar una conclusión tan definitiva. Yo creo que este gobierno va a terminar, sin duda. ‘Va a caer’, para usar el mismo verbo con el que se me interroga. No ha caído porque ha usado la fuerza por encima de la ley y de las reglas. Para ello, ha tenido un respaldo suficiente de lo que podríamos llamar condición gobernante, que es el partido del gobierno y la Fuerza Armada utilizada como instrumento político-partidista. ¿Y eso por qué ha sido posible? Porque en Venezuela viene ocurriendo un golpe de Estado continuado, por etapas, por capítulos. Lo que venía siendo un gobierno autoritario, poco respetuoso pero dentro de los límites legales y constitucionales, se ha ido convirtiendo, cada vez más, en un gobierno dictatorial, en un gobierno de facto. En Venezuela hay unas reglas para llegar al gobierno y para cambiar el gobierno, que están en la Constitución. Sin embargo, no se han respetado, como en el caso del referéndum revocatorio, que era una manera constitucional de cambiar el gobierno. La Carta Magna tiene también otras normas que se refieren al control del gobierno y que suponen la existencia de un Poder Legislativo autónomo, de un Poder Judicial autónomo, que haya una serie de mecanismos en el Poder Ciudadano para que funcione también con autonomía. Esos poderes durante mucho tiempo obraron sin independencia y esa condición, precisamente, se puso a prueba cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional. Esa era una oportunidad para que la AN controlase al Ejecutivo: los presupuestos, el gasto a través de los créditos adicionales y hacer investigaciones. Legislar con autonomía para establecer límites al poder. Fue allí cuando el gobierno empezó esa fase del golpe de Estado continuado a través de una serie de descalificaciones al poder parlamentario y para eso contó con la colaboración del TSJ, elegido inconstitucionalmente por el gobierno en diciembre de 2015 con el fin de garantizarse su apoyo. Esa espiral ascendente desde el Estado de derecho muy imperfecto que teníamos hacia un Estado de mero hecho, en el que predomina el uso de la fuerza, le ha permitido al gobierno seguir en el poder a pesar de no contar con la opinión pública, a pesar de las grandes protestas, a pesar de las presiones internacionales para que se cumplan la Constitución y las leyes. Hasta ahora puede hacerlo porque tiene la fuerza para obligarnos a aceptarlo. ¿Por qué digo yo que no se puede llegar a una conclusión y decir que no cayó? Yo pienso que va a caer porque esta forma de gobernar tiene en sí misma los gérmenes de su propia destrucción. Cuando se permanece en el gobierno por el mero hecho, sin el derecho, ya estamos hablando de la pura fuerza. Tan pronto ocurra un cambio en la correlación de las fuerzas va a entrar en crisis este modelo. Lo que nos espera es una fase de inestabilidad hasta que el país logre una equilibrio nuevo sobre la Constitución y el derecho.

*Ramón Guillermo Aveledo es abogado, profesor universitario y autor de más de veinte libros. Tiene un doctorado en Ciencia Política y fue Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática desde 2009 hasta 2014.