Un país torturado

A dice que no terminó de leer la entrevista a Lorent Saleh que publicó El Mundo de España: no aguantó. Pensar que la sede del Sebin de Plaza Venezuela es una postal cotidiana en sus recorridos al trabajo le da escalofríos: ahí donde ella agarra la camioneta, están destrozando la vida de decenas de inocentes con las únicas herramientas que parecen tecnológicamente actualizadas en el país: las de tortura. La crudeza del testimonio de Saleh llenó de pesadillas el sueño de más de un venezolano. Saber que los horrores que no vemos son peores que la paliza que nos ofrece el país a diario es una golpiza de la que no es fácil levantarse. Y es que ese es el problema: ojalá el testimonio de Saleh viviera solo en las pesadillas. Pero no. Vive en cada niño que se muere de hambre, en cada enfermo que no consigue sus medicinas, en cada familia rota por la migración y en cada bala que perfora otro corazón inocente. Enumerar las tragedias contemporáneas del país es hacer un inventario de demonios. Lorent Saleh estuvo secuestrado y fue sistemáticamente torturado por orden de las mismas personas que parecen empeñadas en dañar la vida de todos los venezolanos: de torturar a todo un país. El delito de Saleh fue estar en contra de la tiranía, velar por el cumplimiento de los derechos humanos, no ser un títere más dentro de una comedia que cada vez más hace quedar a 1984 como un libro infantil. A, repito, no pudo terminar de leer la entrevista que le hicieron al joven activista. Pero Saleh sí que parece determinado a finalizar lo que empezó: recuperar la democracia y transformar sus dramáticas experiencias en recursos para ser una mejor persona e impactar de forma más positiva a su entorno. Ese es el mejor mensaje que le puede enviar a sus torturadores, que le podemos enviar todos a quienes quieren eliminarnos: aquí estamos. Aquí seguimos.

 

Mark Rhodes

Motín en El Helicoide

 Aquel tarantín de democracia y pacificación que montó el régimen con la excarcelación de Daniel Ceballos, Ángel Vivas, Joshua Holt, entre otros, hace poco más de un mes, no significó mejoras en las condiciones de aprehensión de los presos políticos del país, sino que pretendió disuadir la opinión pública con un supuesto gesto de buena voluntad, por lo que ayer, cansados de tantas mentiras, los privados de libertad (tanto políticos como comunes) se amotinaron en El Helicoide de la Roca Tarpeya para exigir la presencia inmediata de la Comisión de la Verdad en las instalaciones: “La situación acá es de total control de los presos de las instalaciones. Tenemos una sola petición clara e irrevocable: queremos que se traslade y se presente la Comisión de la Verdad en El Helicoide y analicen caso por caso. A quienes tengan boleta de excarcelación, que sean liberados inmediatamente. A quienes tengan que ser trasladados a sus hospitales, que sean trasladados. A quienes tengan que ir al Saime, que vayan y sean deportados a su país. La Comisión de la Verdad es la única garantía que tenemos los presos hoy para que nos resuelvan nuestros problemas”, fue la petición de los amotinados a través de un video que circula en Twitter. En una de las mazmorra de Nicolás, Renzo Prieto, quien permaneció preso cuatros años, denuncia que son 18 prisioneros políticos los que allí se mantienen, cuatro con boletas de excarcelación y uno con medida de casa por cárcel. En total, 170 presos aproximadamente. Prieto, además, comentó en rueda de prensa: “Las condiciones de allá adentro son inhumanas, las paredes son selladas de concreto, no hay luz, no hay agua y las condiciones de insalubridad son grandes. Luego del primer motín en el que se estuve presente, los que quedaron ahí fueron aislados, no tienen comunicación alguna con el exterior y por eso tomaron la decisión de tomar nuevamente las instalaciones”. En El Helicoide, la aberración continúa.

Presos políticos toman El Helicoide y exigen respeto a sus DD.HH.

Uno de los últimos reductos de dignidad resiste numantinamente en un ala de El Helicoide. Ayer, luego de una situación irregular, un grupo de presos políticos se ha hecho con el control de una parte de la siniestra prisión política de Roca Tarpeya, donde funciona el SEBIN. Su exigencia es clara: respeto a los Derechos Humanos, justicia y libertad. Y es que El Helicoide, cárcel política a fin de cuentas, es una colección de irregularidades y arbitrariedades propias de cualquier dictadura: hay, según reporte de Daniel Ceballos, 4 menores de edad detenidos, 11 presos con boleta de libertad sin ejecutar, 46 presos con boletas de traslado también sin ejecutar, 3 con boleta de extradición igualmente sin ejecutar, 59 a los que se les ha negado constantemente el traslado a las audiencias en tribunales, 4 que nunca han sido presentados ante un tribunal (¡¡¡!!!) y otros 4 en espera de examen psicológico. Entre ellos se encuentra también un misionero mormón de nacionalidad estadounidense al que acusan de ser espía americano, y que lleva preso dos años sin juicio. Y todos resisten en uno de los sótanos de El Helicoide, conocido como Guantánamo, a la espera de que se cumplan sus exigencias…o que los maten. El temor de una masacre semejante a la ocurrida el pasado 15 de enero en El Junquito, cuando los cuerpos de seguridad de la dictadura ejecutaron extrajudicialmente y a la vista de todos a 9 ciudadanos en rebelión, ha comenzado a aflorar en los familiares y  abogados de los amotinados, toda vez que ninguno ha tenido acceso a las celdas para constatar el estado de sus seres queridos. No les han dejado llevarles, siquiera, agua y comida. Obispos, representantes de ONG’s de DD.HH. y hasta funcionarios diplomáticos han sido rebotados en la puerta de El Helicoide –sólo comandos de la GNB, la PNB y el FAES han sido los que han entrado–, por lo que la única fe de vida que hay son unas fotos y videos grabados la tarde de ayer por los presos, que han sido filtrados a las redes sociales y transmitidos por televisoras internacionales –las nacionales no han dicho nada– y en los que han prometido resistir hasta el final. Esa sigue siendo, de momento, la información que hay: que en un sótano de El Helicoide se encuentran, a merced de unos funcionarios que no tienen problema alguno para matar, un grupo importante de presos políticos exigiendo sus derechos y dispuestos a morir por ellos.

¡Hay que hacer algo por ellos!

Carlos Pereira salió a la calle porque tenía vocación de escritor y quería registrar en un libro cómo se vivían las protestas que remecían la capital, y Carlos Julio Velazco lo hizo porque vio en esas protestas una oportunidad para ayudar y cumplir así el sueño que siempre tuvo: ser rescatista de la Cruz Roja. Al primero lo agarraron cuaderno en mano y al segundo auxiliando a un anciano. No  militaban en partido alguno: eran dos elementos genuinos y típicos de la sociedad civil. El matiz es importante porque los partidos, cuando tienen a algún militante preso, se mueven y se encargan de él: velan por sus gastos, les llevan la comida, si es menester les pagan abogados y hacen toda la presión que sea necesaria para liberarlo. Pero la sociedad civil, que se supone –ahora que estamos en un momento anti-partidista–, que es más pura, noble y buena que todos los demás, resulta que no hace nada, absolutamente nada, cuando apresan a alguno de sus elementos. Y para muestra el botón de los dos Carlos y del resto de sus compañeros, víctimas de una tortura judicial criminal llevada a cabo en medio de una indiferencia atroz. Están presos desde el 12 de junio, y a nadie le importa. Llevan meses difiriéndoles las audiencias, y a nadie le importa. Están enfermos, no los dejan recibir atención médica, y a nadie le importa. Van a pasar 24 y 31 en una celda, y a nadie le importa. Apenas los abogados del Foro Penal –a quienes el cielo se les quedará corto– y algunos pocos medios –entre quienes nos honra estar–, nos hemos ocupado de ellos, en la medida de nuestras posibilidades, que no son demasiadas tampoco. Pero como siempre se puede hacer más, hoy apelamos abiertamente a ustedes: un tweet, un retweet, ayudar a difundir información para que se conozca su situación es una forma [aquí un link con un resumen del caso: https://www.revistaojo.com/2017/12/15/tortura-judicial/]; contactar a sus familiares [@yoe_pereira, @clairemarin0768], darles una palabra de aliento, ofrecerles alguna ayuda para la comida, una hallaca para que les lleven el 24, o un pedazo de torta, algo, es otra forma. Y la que se les pueda ocurrir. Pero hay que hacer algo por ellos.