De la mano de Faríñez y del VAR

De la mano de Faríñez y del VAR (Venezuela 0-0 Perú)

1. Venezuela repitió el once que utilizó en el último amistoso, en el que se impusiera a Estados Unidos. Lo hizo con una presión moderada en su propia mitad de la cancha y dejando que Perú saliera de la suya con relativa calma. El partido comenzó con el letargo de dos personas que hacen pulso sin terminar de dirimir, de forma definitiva, quién es más fuerte. Ambos combinados se jugaban, a priori, las posibilidades de ser segundos de grupo.

2. Desde el 4-1-4-1 propuesto por Dudamel y el modelo de juego, las opciones para atacar de la Vinotinto eran pocas y bien definidas. Uno, los trazos largos desde los centrales hasta Rondón, para que este bajara la pelota a los interiores (Tomás y Yangel) o bien la peinara para una diagonal de los volantes externos (Murillo y Savarino). Dos, trazos largos desde los centrales hasta Yangel, Savarino o Murillo, que hacían cada tanto desmarques de ruptura (o sea, hacia el área rival). Tres, alguna recuperación de balón en campo peruano, precedida de asociaciones rápidas. O cuatro, el drible de Murillo. Más allá de eso, era poco lo que podía ofrecer. Perú no tardó en entenderlo. 

3. La selección dirigida por el Tigre Gareca lució como un versión disminuida de la Perú que ha deslumbrado al mundo en los últimos años. El tiempo, también hay que decirlo, no pasa en vano: varias de sus figuras tienen cada vez más edad y no hay (Paolo) Guerrero que sea eterno. No obstante, las pocas veces que conseguía hilvanar pases lograba mostrarse peligrosa. De entrada, dejó que Venezuela saliera de su campo con calma y, de algún modo, permitió que su contrincante creciera. En casi todo el primer tiempo, Venezuela fue un poquito más. En casi todo, repito.

4. La Vinotinto tuvo un rendimiento muy homogéneo. Destaco, por ejemplo, las intercepciones de Chancellor: muy afinado dentro del bloque defensivo. La actitud de Salomón Rondón, de cerrar espacios cada vez que su equipo perdía la pelota o de ir a defender hasta cerca de su área pese a ser el centro delantero, resume muy bien la actitud del equipo: bloque compacto, ordenado, que busca armar un cerrojo en su área para, a partir de ahí, ver cada oportunidad ofensiva como una bonita oportunidad. Hay que juzgar a Venezuela como lo que es, y no como lo que nos gustaría que fuera.

5. Puntos bajos de la Vinotinto: el primer tiempo de Wuilker Faríñez y sus errores al salir del área; la lentitud de Junior Moreno con el balón en los pies, no en balde cuando comenzaron a presionarlo las tenencias propias comenzaron a hacerse más espesas y Perú olió sangre; algunas fallas en la lectura de juego por parte de Savarino; lo aislado que quedaban los vinotintos cuando recuperaban el balón en su propio campo: era casi inviable armar un buen contragolpe, el jugador que tuviera la pelota terminaba intentando una jugada de YouTube conduciendo entre muchos rivales; los errores del lateral izquierdo, Luis Mago.

6. Los problemas de Venezuela para dar con un lateral izquierdo solvente, que se adueñe de la posición, datan de varios lustros atrás. Si Luis Advíncula, lateral derecho de Perú, fue uno de los puntos altos de la selección inca, enfrente de este estuvo uno de los flancos más vulnerables de la Vinotinto. La temprana e innecesaria amarilla que se ganó Mago lo hizo un pez apetecible para los tiburones peruanos, que insistieron por su banda produciendo ocasiones de gol y, ya en el segundo tiempo, la segunda amarilla que conllevaría a la automática roja para el venezolano.

7. A finales del primer tiempo, Gareca le dio la orden a su selección de que presionara más arriba. Entonces, las fuerzas se equilibraron y comenzaron a vérseles las costuras a los venezolanos. Fue un adelanto de lo que ocurriría en el segundo tiempo.

8. Aunque, durante la segunda mitad, Venezuela salió a presionar más arriba, la mano de Gareca se notó más que la mano de Dudamel. El técnico argentino que dirige a Perú es famoso por su capacidad para intervenir positivamente al equipo durante los encuentros. El técnico venezolano, mientras tanto, no suele hacer muchas alteraciones. El resultado fue que el pulso comenzó a sentirse favorable para los peruanos, que presionaban cada vez más arriba y que lograban asociarse con peligro. Fue entonces cuando Faríñez volvió a ponerle el apodo de “San” a su nombre: con atajadas a la altura de la buena publicidad que se le hace. Sobre la línea de meta, tiene unas virtudes que lo erigen como uno de los jugadores más desequilibrantes del fútbol Sudamericano. El empate, que terminó sabiéndole bien a Venezuela, tuvo mucho que ver con él y con las acertadas decisiones arbitrales que se tomaron con el VAR.

9. Las acciones en las que Mago se ganó las dos amarillas fueron irresponsables. Sobre todo, la segunda: le dio una patada a un rival que estaba de espaldas en su propio campo. Su tarjeta roja recuerda a la que vio Amorebieta durante la Copa América de 2015, también frente a Perú: a partir de ese momento, el rival encimó a la Vinotinto. En el duelo presente, podría decirse que ocurrió algo similar: las cada vez menos opciones de las que disfrutaba Venezuela para hacer daño acabaron difuminándose en la necesidad de al menos salvar el empate. Supo reaccionar bien el equipo de Dudamel, cerrándose con dos líneas de cuatro y dejando a Salomón solo en el ataque. Gestionó de forma óptima los últimos minutos y, al final, el empate dejó tranquilos a los venezolanos y molestos a los peruanos. Eso resume quién tuvo, aunque por poco, más opciones de ganar el juego.


Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

la vinotinto huele a política

La Vinotinto huele a política

Imagina a la Vinotinto jugando un partido de la próxima Eliminatoria mundialista de fútbol en Lima, una ciudad en la que dos tercios de sus pobladores evalúa como negativa la inmigración de casi un millón de venezolanos: sería fácil escuchar cánticos que te dolerían en los oídos. Imagina una fecha FIFA en nuestro territorio que se suspende por apagón generalizado o un llamado a sublevación militar (ya han ocurrido al menos dos episodios similares este año en competencias de clubes).

O quizá dos aficiones que se unen para corear juntas contra la dictadura en un Colombia-Venezuela de la Copa América 2020 en Barranquilla, con diputados exiliados en el palco de honor. Prepárate, Rafael Dudamel: quizá vas a tener que poner varias veces tu cargo a la orden en el ciclo mundialista para Qatar 2022.

Quizá te decepcionaré: en las próximas líneas voy a escribir más de lo extradeportivo que de lo deportivo. “Estamos navegando en aguas muy turbias. Se ha politizado todo y soy el director técnico de una selección del país entero”, declaró el seleccionador Dudamel luego de un amistoso memorable (Venezuela-Argentina en Madrid, con visita incluida del representante diplomático en España de Juan Guaidó).

Defíneme política. Apelo por lo más simple: el diccionario de la Academia de la Lengua: “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos”. O sea, todo lo que implique dejar de estar echado rascándome el ombligo en mi cama. Salir a la calle e interactuar con otras personas es ya, a mi modo de ver, el inicio de un acto político. El que se declara “antipolítico” es un mentiroso que construye de entrada un oxímoron. Por eso lamento decírtelo, si es que piensas lo contrario: el deporte nunca será un territorio políticamente neutro. “Concebir al atleta como castrado político es una visión hipócrita”, me refrenda Ignacio Ávalos, quizás el principal sociólogo del deporte en Venezuela.

Una identidad fragmentada

El elemento político ha estado presente en los cinco ciclos mundialistas previos que han coincidido con los 20 años de esa plaga bíblica llamada chavismo. Voy a contar algo que te sonará sacrílego: después de que vi a Hugo Chávez, Evo Morales y Diego Maradona en la inauguración de la Copa América 2007 en San Cristóbal, nunca sentí demasiadas ganas de que la Vinotinto progresara mucho en ese torneo. Y eso a pesar de que la entrenaba Richard Páez, quizá mi seleccionador venezolano favorito de todos los tiempos (junto con el recién fallecido Carlos Horacio Moreno), por su preferencia por el juego de posesión y su convicción de que el crecimiento deportivo de Venezuela pasaba por la confianza psicológica en que no somos menos que nadie en la Conmebol, aunque hoy quedamos como el único de sus 10 miembros que nunca ha cantado el himno en un Mundial.

Foto: Cortesía

Temía que Chávez se apropiara de cualquier actuación exitosa de un equipo que salía con dos defensas laterales de vértigo como Héctor “Turbo” González y Jorge “Zurdo” Rojas. Espero haber sido el único venezolano que andaba ligando para atrás. Siempre me he preguntado si es posible que tu identidad nacional llegue a fragmentarse tanto que dejes de apoyar a tu propia selección de fútbol.

Estoy convencido de que Qatar 2022 será el ciclo más politizado de nuestra historia futbolística y empequeñecerá cualquier contexto extradeportivo que hayamos presenciado hasta ahora. Al menos hasta el momento en que tecleo esta línea, desde hace cuatro meses vivimos una situación inédita no solo en Venezuela, sino en el planeta, con un gobernante ilegítimo de facto y otro reconocido por más de 50 países que permanece libre en medio de una virtual aniquilación del Parlamento.

Será la primera eliminatoria mundialista completa que jugaremos en medio (o con las secuelas vivas) de una hiperinflación declarada en noviembre de 2017: sí, la política económica es también una decisión política. Además de una emergencia humanitaria compleja que, según la ONU, provocará que casi 5,5 millones de compatriotas hayan huido del país a finales de año: casi 75% de ellos regados en naciones contra las que jugaremos partidos oficiales de fútbol. Lamento si te arruino la ilusión de un escape de la realidad durante 90 minutos: es ingenuo pensar que nada de eso gravitará dentro y fuera de la cancha.

Pedro Infante, ministro de Juventud y Deporte del poder usurpador, es vicepresidente de la Federación Venezolana de Fútbol que sancionó a los capitanes de las oncenas que en Maracaibo se negaron a jugar un partido normal en medio de un apagón nacional (la sede de la final de la Copa América 2007, por cierto, es hoy una ciudad distópica). Por lo que se vio en el amistoso en Madrid y se nota en sus redes sociales, la mayoría de los jugadores más experimentados del plantel está en contra de la dictadura. Rafael Dudamel, que criticó públicamente a Maduro durante las protestas de 2017, ahora juega al acróbata, guardándose las espaldas ante cualquier caída de la cuerda floja.

“La manera en que Dudamel manejó la situación en el amistoso en Madrid no fue bien vista por varios de los ‘pesos pesados’ de la Vinotinto, lo sé de fuente directa. Ese episodio puede marcar su relación con los jugadores, que no se sintieron respaldados”, sopesa el periodista, escritor y comentarista Daniel Chapela. “La posición del seleccionador fue ambigua. Lo que declaró a los medios no se pareció a lo que pasó. Antonio Ecarri –representante de Guaidó– visitó el camerino sin protocolo previo, pero no fue mal recibido por Dudamel. El órdago que se lanzó al poner su cargo a la orden fue una manera de salvar su pescuezo y limpiar su posición, pues su sueldo sigue saliendo de la FVF. Dudamel sabe encima de qué poder político está sentado. De todos modos, es un técnico con personalidad y ascendencia sobre muchos muchachos jóvenes que se formaron con él y lo respetan mucho. Si el grupo le compra su idea y encadena varios resultados positivos como la victoria de preparación ante Argentina, la Vinotinto podría crecerse sobre todo en un torneo corto, donde tendrá más opciones que en una eliminatoria larga. Si los resultados no aparecen, saldrán a la luz todos esos problemas”, agrega.

El Mundial de Qatar 2022 se disputará finalmente con 32 naciones, las 10 selecciones de la Conmebol (la confederación de Sudamérica) competirán por cuatro cupos directos más otro con la alcabala de un repechaje casi siempre accesible contra algún rival de Asia, Oceanía o la América de Panamá hacia arriba. ¿Llegaremos a la fecha 18 con vida? “Es inevitable hablar de la Vinotinto y no pensar en escuadras nacionales de la ex Unión Soviética o la ex Yugoslavia, cuyos planteles estaban pegados con teipe”, desconfía Jovan Pulgarín, analista del portal Prodavinci hoy residenciado en Medellín.

“La situación política interna de Venezuela es muy distinta a esos dos ejemplos, pero nos parecemos en que no hay identificación alguna entre los que ejecutan en la cancha y el ente que los agrupa. Un tema aparentemente trivial como la marca del uniforme muestra que no hay ambiente armónico jugadores-FVF. El tema económico es otro componente explosivo: habrá dificultades en la Federación para conseguir patrocinantes, juegos de preparación y probablemente pagar premios. Espero que no estalle un conflicto en plena competencia. Cruzo los dedos para que los jugadores estén concentrados en lo deportivo. En cuanto a la afición, me cuesta imaginar a un habitante de Maracaibo, por decir algo, adhiriéndose al sueño de ir a nuestro primer Mundial cuando antes tiene que aliviar muchas otras carencias urgentes”, finaliza.

El ejército de los caminantes

Chapela admite que la diáspora que camina por América Latina introduce un elemento novedoso y único: “Ningún país de Sudamérica ha tenido quizá tantos migrantes en otros miembros de Conmebol como Venezuela en este momento. Lo veremos sobre todo cuando la Vinotinto juegue en Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Argentina: no tengo ninguna duda de que nuestros compatriotas van a hacerse sentir. Va a haber mucha gente cerca del hotel de la concentración del equipo e intentando hacer llegar mensajes. Será inversamente proporcional a los pocos enviados que tendrán nuestros medios de comunicación”.

El periodista zuliano Humberto Perozo será uno de los que probablemente lo verá solo por televisión, pero tiende al optimismo: “La presión o el estímulo serán mayores con la gran cantidad de venezolanos presentes en todos los escenarios. Ojalá puedan aprovechar el apoyo. Será un reto mantener lejana la controversia en cualquier partido. Si en el vestuario hay respeto por la figura del entrenador, el equipo puede estar enfocado en jugar, sea cual la posición sobre temas políticos”.

De la época de Richard Páez, las cuñas de Polar, la canción de Caramelos de Cianuro y los Minitintos, recuerdo que estábamos en plena bonanza petrolera (como periodista, llegué a cubrir juegos de la Vinotinto en el exterior) y que bastantes jugadores le sonreían a la intolerancia dicharachera de Chávez, o al menos se hacían los locos. Aunque pocos se declaraban abiertamente como militantes, con algunas excepciones. No los juzgo en retrospectiva: pasar agachado es parte del Kamasutra de la condición humana.    

Rafael Dudamel. Foto: Prensa Vinotinto

“La magnitud del desmadre actual es tal que es imposible la no-politización”, sentencia rotundamente el sociólogo Ignacio Ávalos. “El antropólogo estadounidense Ralph Linton decía que no somos ángeles caídos, sino antropoides erguidos: la idealización del deportista como un ser moralmente superior al resto de la actividad humana es una estupidez. ¿Cómo puedes pedir a los jugadores que no hagan manifestaciones de desacuerdo con la destrucción del tejido social y el aparato productivo de Venezuela? Cuando sales a la cancha no puedes dejar del todo atrás los problemas que padecen tus familiares. Los estadios de Santiago, Lima, Quito o Buenos Aires también serán plataformas de la inevitable protesta política de nuestra diáspora. ¿Qué hacen esos venezolanos con los afectos que dejaron en su país? Nunca podrán reprimir por completo el rencor o la tristeza. En mi opinión, Rafael Dudamel tiene que acompañar a jugadores y aficionados en sus expresiones”.

Vivo en un país que pasa por algo nunca vivido en otra parte –quizás uno de los modelos más refinados de destrucción no bélica de la historia de la humanidad–, más allá de bastantes similitudes con procesos como el de Cuba, y que quizá ningún otro terrícola vivirá. Me dispongo a presenciar un ciclo clasificatorio que será también, probablemente, irrepetible. No soy muy optimista sobre un cupo en Qatar 2022 ni espero demasiada piedad alrededor del rectángulo verde. Habrá seguro muchos insultos de “muertos de hambre”, chistes sexistas, pancartas furtivas censuradas por la FIFA cuyos mensajes contra Maduro crecerán en desesperanza si el despertar democrático de 2019 no encuentra desahogo. ¿O acaso veremos una primavera venezolana en pleno premundial, que se corone con un Gloria al Bravo Pueblo más glorioso que nunca en la Navidad de 2022?

Hagan cotufas. No sé ustedes, pero espero esta Eliminatoria más que el capítulo final de Game of Thrones, y creo que presenciaré una apasionante clase magistral del deporte como inevitable hecho político.


Por Alexis Correia | @alexiscorreia

La Vinotinto sub 20 y otro sueño que acabó en decepción

La Vinotinto sub 20 generó altas expectativas por el gran talento de la plantilla, su notable rendimiento físico y la fortaleza mental que mostró en la primera fase del Sudamericano de la categoría.

Pese a esto y a varios momentos destacados, el fútbol monótono y la poca rotación que empleó el seleccionador, Rafael Dudamel, hicieron del equipo algo fácil de analizar para los rivales. Venezuela, a medida que avanzaba el torneo, se fue haciendo más predecible.

La solidez defensiva que llegó a mostrar en la fase de grupos la selección nacional (recibiendo solo tres goles en los primeros cuatro partidos) no se mantuvo en la segunda fase, en la cual encajó un total de nueve goles (ocho en tan solo tres encuentros). Los motivos, sin duda, tuvieron que ver con la falta de recorrido de los mediocampistas y lo largo que quedaba el equipo en situaciones de contragolpe.

No se le puede achacar nada a los jugadores. Errores como los de Hurtado contra Bolivia y Colombia lo han cometido figuras de gran nivel como Zidane, Cantona, etc. En ningún momento se vio algo parecido a falta de compromiso por parte de los futbolistas, pero sí una falta de respuesta por parte del cuerpo técnico. Al igual que una clara dependencia de jugadores como Sosa y “El Churta”.

En medio de las dificultades, el equipo no pudo cambiar su sistema ni adaptarse a las diferentes situaciones del torneo. Ante los problemas para generar ocasiones de gol, el camino fue repetir con insistencia las acciones que ya se habían observado ineficaces. Esto, vale acotar, es una marca registrada de los equipos de Dudamel, quien apuesta más por solidificar el rendimiento durante la fase defensiva y, por lo general, no suele hacer cambios significativos durante los partidos, indistintamente de cómo se estén desarrollando.

La respuesta del DT, en las dificultades, siempre fue Jorge Echeverría (volante del Caracas FC). El jugador no lució y se notaba desencajado en el funcionamiento del equipo. Los partidos muchas veces pidieron más juego asociativo, para lo cual pudo haber sido útil aprovechar a futbolistas como Enrique Peña Zauner y Brayan Palmezano.

Brayan, en lo particular, fue mal empleado: por lo general, suele partir del medio hacia afuera, generando la oportunidad de agruparse con los mediocampistas, tal y como lo hizo en el último encuentro contra Ecuador. Es un mediocampista ofensivo. No obstante, Dudamel lo puso a jugar como extremo, posición en la que se sintió tan incómodo que no rindió de forma adecuada.

Por otra parte, Enrique gozó de tan solo 43 minutos de juego, en los cuales no participó mucho en la gestación de fútbol por el escenario en el que se encontraban los encuentros (una victoria 1 a 0 con la clasificación amarrada ante Bolivia y una derrota 3 a 0 contundente ante Ecuador).

En la mitad de la cancha, al momento de producir asociaciones en ataque, ningún jugador se mostró bien. Ibarra y Casseres Jr no apoyaban a los centrales en la iniciación de las jugadas y no cumplían con los movimientos que exigía el parado táctico. Si bien en la lista no había otro futbolista que pudiese jugar en la primera línea de volantes, además de ellos y de Christian Makoun (usado en la defensa), sí se contaba con centrales de rodaje en el fútbol nacional. Hablamos de Júnior Moreno y Marco Gómez, ambos con una cantidad de minutos considerables en el balompié venezolano. Es decir, una posible solución a los problemas para iniciar las jugadas era mover a Mokoun al centro del campo y darle entrada a cualquiera de estos dos centrales.

El escaso repertorio en ofensiva quizá se pudo contrarrestar con la incorporación de Esli García y Danny Pérez, ambos sumamente desequilibrantes y con mucho rodaje en el fútbol nacional. El caso de Esli es mucho más áspero, ya que nunca contó con la confianza del DT.

Si bien hubo puntos altos, el resto de las selecciones aplastaron tácticamente a la Vinotinto: agrupando más personas en el medio campo y llenando los espacios que dejaban en las transiciones. Lo mejor de Venezuela fue su facilidad ganar segundos balones: enviaba pases largos que, con frecuencia, acababan en los pies de Hurtado. Esto, más la efectividad en los balones detenidos, eran las únicas armas ofensivas. Los rivales se dieron cuenta y, luego del partido frente a Argentina, tomaron cartas en el asunto: lograron anular a los vinotintos. El que mejor lo hizo fue Colombia.

No clasificar al Mundial no solo es una decepción deportiva, sino que pone presión a Rafael Dudamel. La Federación dio todo su apoyo a esta sub 20, por lo que no lograr el objetivo esperado representa un duro golpe. Dudamel tendrá ahora una evaluación decisiva en su desempeño como seleccionador: la Copa América. Si la selección absoluta no da la talla, su cargo podría estar en entredicho.

 

Por Juan Chacón

Vinotinto sub 20: constructores de un sueño

A lo largo de los últimos años la optimización del proceso de desarrollo de los jugadores venezolanos se ha hecho notar en todo el continente. Una vez el Loco Bielsa dijo que: “El argumento de un entrenador nunca puede ser que el jugador fue superado por la circunstancia. Se prepara al jugador para que la circunstancia no lo supere”. Pensar en esas palabras y no recordar los errores infantiles o la falta de madurez del jugador venezolano es simplemente imposible.

Toda esta evolución se hizo partiendo de una premisa: trabajo y preparación.  Al punto de conquistar un subcampeonato sub 20 del mundo (en 2017), un logro imposible de prever.

Es una realidad que para el presente Sudamericano sub 20 Venezuela llegó con la chapa de  favorito, luego de 29 módulos de preparación, en el los cuales se realizaron amistosos internacionales, partidos de preparación ante equipos de Primera división venezolana y una gira por Europa, en la que enfrentaron distintos equipos importantes del continente.

Si algo tiene Venezuela en comparación a las otras selecciones de este Sudamericano es que sus jugadores, en su mayoría, ya son profesionales y están viendo minutos en Primera e incluso jugando un rol importante en sus equipos.

La Vinotinto ha dejado clara su idea en el campo, dejando a un lado el juego vistoso y apostando a algo más funcional. Si bien tiene volantes creativos como Yriarte, Palmezano y Echeverría, por alguna razón no consiguen ese primer pase limpio o a alguien que les permita llegar a campo rival con balón dominado. El mediocentro ideal para la formación que presenta Rafael Dudamel, indiscutiblemente, es Christian Makoun (mediocampista que milita en la Juventus Primavera), pero por falta de centrales que cumplan con las características del agrado del entrenador, se ha visto obligado a poner a Makoun en el eje de la defensa.

Por estos motivos han apostado al famoso pelotazo; sin embargo, se ven momentos en el que los juveniles buscan el pase limpio.

Para el alivio del DT, el equipo tiene una dupla muy creativa en el ataque: Sammy y El Churta. Samuel Sosa y Jan Hurtado se conocen desde el año 2016, cuando jugaban en el Deportivo Táchira, siendo una dupla revelación en ese momento y siendo determinantes para el cierre del torneo Clausura de ese año.

El oriundo de El Cantón, Jan Carlos Hurtado, es pieza clave en el esquema de Dudamel. El joven de 18 años ya disputó el Mundial anterior y es uno de los VenEx que tiene esta selección (milita en Gimnasia y Esgrima del fútbol argentino). Un jugador de gran envergadura, sumamente fuerte y de gran juego de espalda al arco. Él es el encargado de bajar todas las pelotas y desahogar a la banda, generar faltas y arrastrar marcas, además de tener una gran habilidad para atacar los espacios: aprovechando su potencia y gran control de pelota.

Muchos de los goles de Venezuela han sido gracias a la labor del asistente técnico Marcos Mathías, quien es el encargado de trabajar el balón parado. Pero, sin duda, lo más destacado en esas acciones en la precisión que tiene Sosa en su pierna izquierda: ha marcado, hasta ahora, dos golazos de falta directa y ha asistido a Vargas en un pase acertado al área. El jugador de Talleres de Córdoba es uno de los jugadores que más ha generado angustia en los rivales: no solo destaca su gran pegada, sino que también arrastra mucha marca y expone su gran habilidad en los uno contra uno.

La Vinotinto sub 20 tiene una generación brillante, con piezas muy destacadas. Por fuera de la lista que está disputando el Sudamericano quedaron, incluso, futbolistas de gran nivel como:

  • Danny Perez: extremo de buen andar en el balompié venezolano, con Zamora.
  • Brayan Hurtado: extremo de Mineros de Guayana, con gran facilidad para colaborar en la gesta de goles de sus equipos (quedó afuera por baja médica)
  • Esli Garcia: de lo más destacado del Deportivo Táchira este año. Jugador muy creativo y desequilibrante.

En resumen, esta selección nos tiene preparada muchas emociones, jugadores que sin duda alguna sonarán en un futuro y nos deja la satisfacción de que las cosas a nivel de fútbol formativo se están haciendo cada vez un poquito mejor.

Puntos a mejorar:

  • Transición ataque defensa en el medio campo.
  • Incorporación del mediocentro entre los centrales.
  • Desmarques de ruptura.
  • Precisión en los centros.

Puntos altos:

  • Madurez y fortaleza mental.
  • Gran desempeño físico.
  • Balón parado.
  • Incorporación de los centrales en zona de ataque.

Por Juan Carlos Chacón