estudiante

#DomingosDeFicción: Pupitres en el pavimento

 “Yo no sé, ni quiero/ de las razones/

 que dan derecho a matar/

 pero deben serlo/

 porque el que muere/

 no vive más… no vive más”.

Mecano.

 

Sé que ya han pasado varias horas porque necesito ir al baño. O bueno, así creo. Me llamo Javier Cedeño, cursante de Ciencias Pedagógicas de la UCV, preso desde las protestas de la Plaza Venezuela, 2017. Desde que se enteraron de que yo era líder político en mi facultad, me metieron aquí, robándome la vida universitaria. Y a ti, ¿por qué te agarraron? Sí, me llamo Javier Cedeño, o bueno, así creo. Javier. Cedeño. Me lo repito para tenerlo presente, para saber que todavía, como las idas al baño y las horas, mi vida sigue caminando. No, no llores. Si lloras, los guardias te escucharán. No le sueltes nada a los guardias; harán de todo para distraerte. Acosarte. Ellos nos odian a nosotros. Ellos odian a las universidades. Lo que ellos desconocen es que nosotros somos estudiantes, y que ser estudiante, ser ucevista, en este país, es luchar contra lo inadmisible. Por cierto, si te dan ganas de mear o cagar, solo presiona el timbre que está detrás de los barrotes para que te lleven. Y ojalá te traigan.

¿Cómo me dijiste que te llamabas?

Ayer me mandaron un tuit con la foto de un profesor que sujeta unos zapatos negros. José Ibarra, catedrático de la escuela de Trabajo Social, Universidad Central de Venezuela (UCV), aparece apretando la textura del calzado. Evidencia las huellas del desgaste. Cuando llueve, el agua se le escabulle por las suelas fisuradas, ensuciándole los pies, el alma. Cuando hace sol, a José le salen ampollas por el contacto de los dedos con el pavimento caliente. Al sentarse en el escritorio, siente dolor en los talones a causa de los kilómetros recorridos. No obstante, el dolor, para José, es el sinsentido que le da sentido a sus caminatas diarias; es, con cada pisada, el valor retributivo de los sacrificios aceptados. Posteó la imagen en Twitter ya que no le da pena admitirlo: sus ampollas, sus suelas rotas y su alma sucia son pruebas de que la disciplina de enseñar, en Venezuela, no se pierde pese a los salarios de arena.

La foto la subió a la red social justo antes de que su teléfono se quedase sin batería. Después, inició a escribir en la pizarra acrílica y se olvidó por completo del asunto. Si bien su vocación docente, la que le sirve para expresarse, existir y seguir, es, al mismo tiempo, obstáculo para emigrar, él es fiel a su rutina. José desea poder limpiarse los pies en Venezuela, no en otra parte.

Javier, ¿me oyes? Sí, a mí me falta un año para graduarme; claro, si me sacan de aquí. A veces me pregunto qué haré al salir de la UCV, ¿sabes? Allí he actuado, cantado, fumado, dormido, fornicado, bebido. Allí conocí al país, Javi, a la política, ¿sí me oyes? Ser parte de la UCV es mirar al país y habitarlo, y desde ahí entender las problemáticas que le competen. No sé si a ti te ha ocurrido, Javi, pero yo, en mi bolso de clases, tengo tapabocas, trapos y vinagre para resguardarme de las bombas lacrimógenas cuando entro al campus. Una chama una vez dijo que ser estudiante de educación superior, en Venezuela, era como practicar deportes de alto riesgo. El salón se cagó en burlas. Se meó. Yo no le quité la razón, ni que fuera pendejo, pero sí le respondí que también era como ser padres, o así creo. ¿No opinas igual? Ese instinto de protección, esa angustia. Basta que amedrenten al país para que saltemos como la mamá cuando se le cae el hijo. Javier, apúrate. Javier, presiona el timbre.

¿Me oyes?

Desde el 2002 en adelante, alumnos, profesores y empleados de las principales casas de estudio venezolanas han sido protagonistas de las acciones contra el gobierno de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Sin embargo, este 2018, las detenciones arbitrarias, enjuiciamientos y ataques políticos obedecen a una persecución académica ejecutada por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), con sede en el complejo policial El Helicoide, Caracas. Olor a pólvora, a sudor. Cadáveres que no se encuentran, jóvenes que aún se enfilan. Sí. Ser docente universitario, en este país, es educar a contrapelo de las balas que perforan paredes. Sí. Ser estudiante universitario, en este país, es calentar el pupitre y la calle, como espectadores de escenarios escondidos que reclaman supervivencia.

La foto de José fue retuiteada unas diez mil veces. No se lo esperó. Gracias a las donaciones que ha recibido, fundó el movimiento “Zapatos de la dignidad” para auxiliar a colegas en situación de pobreza. La gente le aconseja que tenga cuidado con lo que declara ante los medios, pero él no siente miedo. Su labor pretende fundar precedentes, y aunque extraña la vida universitaria de épocas anteriores, continuar con las clases hace que sus aspiraciones personales no flaqueen. Cada vez que sus estudiantes asisten sin siquiera haber desayunado, que debaten sobre democracia y derechos humanos, él los obversa y no los interrumpe. Se esfuerza para que esas imágenes se le queden grabadas en la mente; a fin de cuentas, son esas imágenes las que están escribiendo historia en estos momentos.

José no botó los zapatos rotos; al contrario, los guardó en una caja debajo de su cama. “La crisis ha sacado lo mejor de nosotros los venezolanos”, dice para sus adentros cuando se los tropieza de nuevo. Lo sé porque lo hemos conversado; sus ampollas son también las mías.

A Javier lo tienen colgado del techo de su celda como si fuese un abrigo puesto en un perchero. El guardia lo sujetó con unas esposas de acero inoxidable para no dejarle marcas de corrosión en las muñecas. A Javier se le denotan las costillas; la piel erizada por el frío de aire acondicionado. El guardia se ríe a carcajadas porque Javier no para de hablar consigo mismo, y entonces le escupe en un pómulo. El timbre, Javi, Javi. El timbre.

Javier necesita ir al baño, pero resiste. Javier necesita llorar, pero resiste. El guardia se sentó a comer una arepa con mantequilla y queso y a beber una jarra de jugo de guayaba. Mastica con la boca abierta al frente de la celda de quien será, probablemente, décadas más tarde, un político de relevancia nacional. Eructos. Muecas. Si me lo preguntan, las torturas, para mí, solo alebrestan el coraje. Lo sé porque me sucedió; lo sé porque, después de aquella experiencia, mi vida sigue siendo tanto universidad como calle.

O bueno, así creo.

 

Por Gianni Mastrangioli | @MastranGianni 

*Este relato resultó ganador del XII Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria, organizado por la Universidad de Córdoba (España).

 

La Galería Universitaria de Arte inaugura “Apologías de lo posible”

Miguel Braceli, arquitecto (2007) y diseñador arquitectónico de la Universidad Central de Venezuela (2013), que ha desarrollado la práctica artística en el campo de las intervenciones y la fotografía, y ha expuesto en distintos Salones Nacionales de Arte y galerías privadas, se propone llevar el mar a la UCV como experiencia individual y colectiva que se conecta con la potencia transformadora de la creación.

Es el proyecto se titula Acto I: Construir el mar, y será expuesto en la Galería Universitaria de Arte, donde se proyectaran tres vídeos, una serie de imágenes fotográficas y una instalación de carácter participativo en la que el espectador podrá sumergirse en los espacios envolventes y metafóricos de las aguas.

“Apologías de lo posible” es un proyecto bajo la curaduría de Gerardo Zavarce y constituye una alianza de Proyecto Colectivo con el COPRED, la Galería Universitaria de la Dirección de Cultura de la UCV, la Fundación ArtsConnection. Bajo la colaboración de la Fundación TELEMA y la Fundación de Museos Nacionales.

La inauguración será  el jueves 24 de Septiembre, a las 6:00 pm, en la Galería Universitaria de la Dirección de Cultura de la UCV, en la Plaza Cubierta del Rectorado. Estará abierta al público de lunes a viernes de 10 am a 4:00 pm, hasta el 19 de noviembre.

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#ENTREVISTA: Hasler Iglesias: “La burocracia se come a la UCV”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Es el nuevo presidente de la FCU de la UCV, estudia 8vo semestre de Ingeniería Química, suele responder en plural mayestático (“nosotros…nosotros”), es capaz de hablar más de 30 minutos seguidos sin tomar agua ni ahogarse, y repite mucho las palabras ‘cambio’ y ‘renovación’. En la sede del Centro de Estudiantes de Ingeniería recibió a OJO y mantuvo un largo y franco diálogo en el que habló a profundidad sobre varios temas. En esta primera entrega, todo lo referente a la UCV, su visión, propuestas y planes. Read More…