RESEÑA: ‘Los últimos espectadores del acorazado Potemkin’

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Antes de que los guionistas y productores de ‘The Big Bang Theory’ se inventaran a Sheldon Cooper, ya Ana Teresa Torres lo había puesto a protagonizar una buena novela a finales de los noventa. ‘Los últimos espectadores del acorazado Potemkin’ se llama, fue publicada por Monteávila, puede todavía conseguirse –con algo de dificultad– en algunas librerías de Caracas, y, sobre todo, leerse y disfrutarse con bastante provecho.

La protagoniza un hombre muy particular, serio, lógico y estructurado que una noche entra a una tasca llamada ‘La Fragata’ y se sienta (lo sientan) con una desconocida (tan o más particular que él) que lo convence de volverse a ver al día siguiente, a partir del cual inician una rutina de encuentros y conversaciones en los que se van contando un poco de su vida pero sobre todo reconstruyendo las de otras personas –la ex esposa del protagonista, su hermano guerrillero, unas espías rusas que viven en Francia–, que pasan a ser personajes comunes entre ambos y sobre cuyos destinos comienza a haber más dudas que certezas, lo que da pie a una especie de juego detectivesco y de intriga, que acerca (un poco) a este libro al género de la novela negra.

Y en medio de las conversaciones, Venezuela y su historia, al menos la contemporánea e incluso la que viene un poco más atrás. Está también presente aquella Venezuela de fines de los 90’s, en la víspera del abismo, pero en la que todavía se podía ir a una tasca de noche y viajar.  El libro contiene interesantes y agudas reflexiones y puntos de vista sobre episodios importantes de nuestro acontecer, así como consideraciones y deliberaciones sobre algunos otros temas como el arte, la música, la filosofía y la existencia, brillantes en su mayoría.

Lo mejor, no obstante, es el narrador, que Ana Teresa, con gran maestría, mejor pluma y muy fina ironía construye, hace convincente  y logra convertir en un personaje digno de ser recordado siempre con una sonrisa en los labios. Sus razonamientos, sus descripciones, su modo de narrar las cosas, de interpretarlas, así como muchas de sus respuestas, son, sencillamente, antológicas y siempre inteligentes. En su construcción, manejo y sostenimiento a lo largo del libro, Ana Teresa se consagra como una de las grandes de nuestras letras. Y también en el sorprendente –y juguetón– final, pero es otra historia…a la que sólo llegarán quienes lo lean.

 

 

Los últimos espectadores del acorazado Potemkim

Autor: Ana Teresa Torres

Año: 1998

Páginas

Calificación: 7/10

La jugada maestra de Nicolás

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

 

Por insólito que parezca, 2017 puede terminar siendo un gran año para el chavismo. En 2015 recibió una paliza, en 2016 le huyó al voto y en 2017 todo indicaba que, por A o por B, quedaría groggy. Pero el PSUV aguantó la embestida y ahora, a dos meses de 2018, es la MUD la que luce aturdida, perdida, yendo a la deriva. Visto en retrospectiva, Nicolás Maduro acertó la estrategia. “Anuncio que, en uso de mis atribuciones presidenciales como jefe de Estado, convoco al poder originario para que la clase obrera y el pueblo, en un proceso popular, llame a una Asamblea Nacional Constituyente”, gritó el primero de mayo desde la avenida Bolívar. Había pasado un mes desde que el Tribunal Supremo de Justicia, con su interpretación revolucionaria de la ley, pretendiese, por fin, terminar de pulverizar al Parlamento. Al gobierno aquel tiro le salió por la culata y el país, que estaba dormido, salió a protestar por mil y un razones. Cuatro semanas más tarde, Nicolás hizo de mago y sacó una elección del sombrero. Con el paso del tiempo, a medida que se acercaba el 30-J, la gente dejaría de protestar por comida, medicinas, seguridad y un país mejor. Ahora lo haría en contra de su invento, en contra de la Constituyente. Distorsión, ilusión y victoria. Porque no es que los venezolanos olvidaran una crisis que aún los carcome, es que la narrativa de la oposición volvería a tomar forma de promesa incumplida: juraron detener la Constituyente, y la Constituyente no se detuvo. “Nosotros subestimamos la locura de quienes están en el poder. Uno de los errores que cometimos como dirigencia fue ese: teníamos que haber dado un mensaje claro de que la lucha no se debía parar a pesar de que se instalara la ANC”, reconoció Freddy Guevara el 21 de agosto en Circuito Onda. La lucha se paró, la calle se enfrió y el PSUV triunfó. Con la MUD desconcertada, el gobierno aprovechó para hacer las regionales lo más pronto posible. Entre dudas y temores, la oposición aceptó ir a los comicios y, por volver a subestimar el escenario, se llevó la segunda derrota del año. El truco había funcionado.

Líderes ‘new age’

Por: Ezequiel Abdala| @eaa1717

Son los signos de estos tiempos, qué le vamos a hacer. Si ‘El Secreto’ es un best-seller planetario y Hermes Ramírez es escuchado con autoridad de catedrático, ¿por qué habría de extrañarnos que la clase política se contagiara, también, de ese ‘wishfullthinking’ cuya aura (fantasma es ya un término muy pasado de moda y negativo) recorre no  solo Europa sino el mundo entero? Si el chavismo se hizo santero-palero-africano, la oposición se volvió positiva-buena-vibra-voluntarista-entusiasta-y-energética (que no enérgica, desgraciadamente), y por eso va repetidamente y en condiciones inaceptables a elecciones viciadas, regidas por un cuartero de delincuentes electorales que hacen trampa por activa, pasiva y perifrástica. ‘Pero no importa, somos los que flinchy, y a punta de pensamiento positivo, esfuerzo y voluntad superaremos todos los obstáculos que nos pongan, sin denunciarlos mucho para que nadie se desanime, porque lo importante, lo verdaderamente importante, ya se sabe, es tener el ánimo arriba y participar con entusiasmo en la fiesta electoral. Que nos inhabiliten a todos los candidatos que quieran,que no cambien nunca el tarjetón,que modifiquen a conveniencia los circuitos, nucleen las mesas, cierren los centros donde ganamos; todo eso nos lo aguantamos, no importa. Que obliguen a nuestros electores a trasladarse, en buses que luego asaltan, a centros rurales donde los vuelven a asaltar, que les hagan pasar mil y un trabajos, que los colectivos los amenacen y amedrenten, que los golpeen si quieren, que hagan eso y más, peor para ellos, al venezolano le gusta el voto, se vuelve loco por una papeleta, nunca le dice que no a un reto y mientras más difícil mejor’. Palabras más, palabras menos, esa es la falaz propuesta, que inevitablemente termina por estrellarse contra los hechos, que, al igual que los números, son tercos, categóricos y simples: ir a elecciones con un árbitro en contra, sin garantías y en medio de un sistema totalitario, es un ejercicio inútil, por más ilusión, mente positiva, buenas vibras y ganas que le pongan los líderes –¿o son ya gurús?– que tenemos en frente.

 

Ortega y Gasset y las elecciones en Venezuela

Exactamente 62 años se cumplen hoy de la muerte del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, una de las mentes más lúcidas de la España del siglo pasado y quien dejó al mundo una vasta e interesante obra cuyo sello característico se encuentra en ese estilo entre sencillo y literario, repleto de metáforas y frases ingeniosas, que le permitió llegar y hacerse entender por el gran público. Es precisamente la que encabeza esta entrada (“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”), una de las más célebres y populares del autor, que nos viene en un momento más que oportuno, justo cuando acabamos de sufrir una gran derrota, producto de un discurso político cuya base no era otra sino un voluntarismo tan optimista como estéril que pretendió prescindir de la circunstancia y terminó por ello estrellado. Nos referimos al planteamiento de ir a votar sin importar las condiciones y aun sabiendo que el árbitro estaba en contra, y poniendo toda la esperanza en el voto ‘per se’. Ante ello, la lucidez de Ortega y Gasset aparece tremenda: el yo no puede prescindir de la circunstancia, ni el voto de las condiciones. Hacerlo es una insensatez y muchas veces –lo estamos sufriendo– un suicidio. Y por eso la importancia de la segunda parte de la frase: “y si no la salvo a ella no me salvo yo”, que quiere decir, para seguirlo explicando con Venezuela, que si no se modifican la condiciones electorales (la circunstancia) no se podrá, no habrá manera, de salvarnos: ni al voto ni a nosotros. Más claro no canta un gallo ni escribe un filósofo popular.

‘¡Es el CNE, estúpidos!’

Saint Exupery lo escribió, y los venezolanos lo estamos confirmando: lo esencial es invisible a los ojos. De otra forma no se explica cómo el día de ayer comenzaron a aparecer y a proliferar cualquier cantidad de análisis (publicados, algunos, por medios de prestigio) que intentan explicar la derrota de la oposición con base en la abstención electoral. Calculadora y lápiz en mano, encuestólogos, adivinadores, politólogos, expertos y periodistas han comenzado a diseccionar municipios, examinar circuitos, descomponer parroquias, y escudriñar los números del CNE (dándolos por buenos), cual si estuviéramos en cualquier democracia occidental. Es allí cuando ‘El Principito’ de Exupery sonríe con satisfacción: lo esencial es invisible a los ojos. A algunos, pero no al de esta revista. Lo esencial, en las elecciones venezolanas, se llama CNE, que está presidido por unas señoras que tienen el periodo vencido, cobran un sueldo que la mayor parte del tiempo no trabajan y no disimulan su carácter partidista; un CNE que si nadie lo vigila tiene la capacidad de fabricarse un millón de votos -Smartmatic dixit-, que para estas elecciones -que movió de fecha arbitrariamente por lo menos 3 veces- contrató a dedo y sin licitación a la empresa argentina Ex-Clé, que no permitió a la oposición la sustitución de candidatos hecha en el plazo legal correspondiente, que no modificó el tarjetón electoral, que a última hora reubicó 274 centros en los que ganaba la oposición, que nucleó 51 puntos de votación (también de mayoría opositora), que se hizo la vista gorda ante el ventajismo oficial en el Sistema de Medios Públicos, que no dijo nada sobre la entrega –pública y en cadena- de recursos por parte del Ejecutivo (presidente y ministros) a candidatos oficialistas, que prescindió del uso de tinta indeleble e, incluso, de los acompañantes de la siempre amiga UNASUR (a los que sustituyó por los del “Consejo de Expertos Electorales para Latino América”), que no cerró las mesas a tiempo, y que, en definitiva, si queremos hablar de abstención, es el gran responsable de que, asqueados e indignados, un grupo de ciudadanos haya decidido, lógicamente, no votar.

Henkel García: “Estamos en la parte final del cuento y no va a ser bonita”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La que en principio no iba a ser sino una entrevista de una sola pregunta para una nueva sección de ‘OJO’, terminó convertida en una mini-clase de economía (marcadores y pizarras incluidos) en la oficina del director de Econométrica, Henkel García, con quien conversamos acerca de Venezuela, su catastrófico presente y el que podría ser (cambios y medidas acertadas mediante) un esperanzador futuro. Con verbo claro, sencillo y hasta pedagógico –virtud admirable donde las haya entre los que hablan de economía–, este Ingeniero Químico seducido por las finanzas y devenido en Analista e Instructor nos explicó cómo se puede comprender la situación económica actual a partir de la premisa de que lo que hay en el poder no es un gobierno, sino una gran estructura (corporación se le puede llamar también) de extracción de riqueza, que busca a toda costa mantenerse robando y por eso no hace cambios ni toma medida alguna. “En 3 o 4 años hemos pedido 1/3 del PIB: eso son desempeños de economías de guerra”, señala García, quien no duda en calificar lo que vivimos como una verdadera catástrofe, que se va a acentuar en los próximos meses. Un cambio tanto de gobierno como de sistema sería lo que en su opinión podría llevar a Venezuela a flote, empresa que ve con optimismo –“tenemos las condiciones y la capacidad instalada”– siempre y cuando se hagan las cosas bien. A continuación, una conversación sin desperdicio para entender dónde estamos parados ahora, adónde podríamos ir y  qué podemos hacer:

-En términos extremadamente sencillos, Henkel, ¿qué es el ‘default’?

-El ‘default’ es el incumplimiento de pagos. Tú tienes un compromiso de deuda en el que incurriste y cuando no puedes pagar haces un ‘default’. Es eso, sencillamente.

-¿Es tan grave como lo pintan?

-Un ‘default’ podría complicar las cosas, sí, pero ya la catástrofe la tenemos aquí. No creo que agregue mucho más a lo que vivimos. Ya la catástrofe está: en un lapso de 3-4 añoshemos perdido 1/3 del PIB, de la producción nacional del país por habitante. Esos son desempeños de economía de países en guerra. El ritmo de deterioro que estamos viviendo ahorita es el más pronunciado que vamos a tener en muchísimos años.

-¿En qué momento estamos?

-Yo creo que es la parte final de un ciclo político-económico en Venezuela. La catástrofe está en pleno desarrollo. No es cualquier cosa: es la parte final del cuento y no va a ser bonita: vienen unos meses más duros.

-O sea que esto se va a poner peor…

-Mira, yo el año pasado dije que las de 2016 iban a ser las peores navidades de Venezuela. Lo dije pensando que iba a haber algo de sensatez en los gobernantes, y no…

-¿Porque no tienen idea de lo que hacen, porque no saben de economía, por el velo ideológico que los cubre, por qué…?

-Porque lo que está en Venezuela no es un grupo que gobierna,medianamente consciente y que más o menos quiere tener a la gente contenta, sino una gran estructura de extracción de riqueza, una corporación de extracción de riqueza. Entonces, cuando lo consideras así lo ves claro: ellos no quieren cambiar nada, sino seguir con el juego como está:si quisieran el bien de la gente, ya hubieran, por lo menos, hecho algún tipo de cambio. Pero no: ¡ellos no piensan en eso! Piensan es en mantener el ‘statu quo’: aquí hay gente a la que le regalan el dólar a 10, y son tan descarados que ni siquiera son capaces de cambiar eso, por ejemplo.

-Entiendo, entonces, que la salida de la crisis pasa a juro por un cambio de gobierno…

-Espérate: el problema que nosotros tenemos como sociedad es que los que vengan después puedan tener la misma mentalidad. Porque el sistema los lleva a eso. Al final el sistema político, la estructura que tenemos de Estado, donde el Estado es dueño de la principal riqueza del país, los lleva a eso. Puedes tener un político joven que tenga ganas de hacer las cosas y al principio lo va a hacer bien, pero en 10 años tenemos otro Chávez. Se degenera. Tú puedes llegar con las mejores intenciones, tú puedes, si quieres, poner a la madre Teresa en medio de este sistema y va a empezar a guisar. Porque este sistema lleva a eso, corrompe. Y por eso lo tenemos que cambiar.

-¿Y eso se puede?

-Sí, claro. Pero porque la misma sociedad lo va a requerir y pedir. Depende de nosotros: si no hay presión social, va a ser imposible, porque no va a partir de los políticos.

-¿Y por qué no va a partir de ellos?

-Te lo voy a explicar sencillito: ¿A qué político no le gusta llegar y repartir? ¡A todos! ‘Yo llego, y voy a repartir bien’.Esa es la premisa: para mantenerme tengo que ser populista, tengo que repartir. Y por eso es que llevamos 40 años estancados.

-¿Estancados cómo?

-Cuando tú revisas los números, te das cuenta de que en los setenta teníamos un PIB mucho mayor que el de ahora. Terminando esa década se nacionaliza el petróleo, se afianza el modelo rentista y desde entonces llevamos casi 40-50 años con el mismo PIB per cápita. Tenemos un estancamiento que viene desde allá, y que yo sí creo que tiene que ver con un sistema.

-Ahora, Henkel, mucha gente dice que Venezuela es fácilmente recuperable, que si se hacen las cosas como deben hacerse es cosa de poco tiempo para que salgamos de la crisis. Es un lugar común que se repite, y precisamente por eso quiero preguntarte cuánto de verdad hay en ello, si es exceso de optimismo, o qué.

-Si repasas lo que sucedió en Polonia cuando salió del comunismo o en Perú cuando hizo su reforma económica para salir del desastre, ves eso. En esos países duplicaron el PIB per cápita en 10-15 años. Y con más razón Venezuela, que es un país que está muy por debajo de su potencial: tú a cualquier industrial le preguntas en cuánto está su capacidad y te dice 30%. Llevarla a 80% es fácil si le das los insumos y las condiciones. Lo difícil es cuando no tienes la capacidad instalada, que cuesta más. En nuestro caso está allí instalada. El problema es que si la crisis se prolonga, esa capacidad instalada comienza a deteriorarse más y ese potencial se deteriora también. Ese es un punto que hay que tomar en cuenta: mientras más se prolongue esto y no logremos un cambio, ya después ese rebote inicial es hacia un nivel más bajo.

-¿De cuánto tiempo estaríamos hablando para ver los resultados?

-Haciendo los cambios necesarios, en el corto plazo, pongámosle los primeros seis meses, comienzas a tener los primeros efectos positivos: aparecerán algunas cosas, aumentará un poco la capacidad de compra. Eso va a ser un hecho. Después, en los dos o tres primeros años, se veráel crecimiento económico.

-¿Hay algún antecedente propio de recuperación de este tipo?

-Venezuela no es la primera vez que pasa por esto. Algo semejante sucedió ya, y en una Venezuela en la que el precio del petróleo estaba muy en contra y la situación no era nada fácil. Eso fue en el 96, cuando se implementó el plan ‘Agenda Venezuela’: veníamos de un control de cambio corto, no tan devastador como éste, pero una vez levantado, el poder de compra del salario se triplicó en años: de $75 en el 1996 a $180 en el 2000 y a $300 en 2001-2002, que no era poca cosa. Eso mismo puede repetirse, pero va a depender mucho de la calidad de las reformas: hay que hacer las cosas bien.

-¿Qué es hacer las cosas bien?

-Una reforma ordenada, consensuada, con armonía social,que vaya a una economía de mercado (que no tiene que ser desregulada), con reglas del juego claras, en las que no haya experiencias monopólicas. Eso básicamente.

-¿Adónde debería apuntar Venezuela?

-Al libre emprendimiento. Mira: aquí para formar una empresa necesitas 190 días; en Panamá,apenas uno. Aquí el empresario, hay que entenderlo, no es un enemigo: es alguien en que tienes que apoyarte. Para mí una Venezuela ideal es una en la que haya millones de pequeños emprendedores con pequeños negocios y que tengan capacidad de negociar lo que vale su trabajo. Para mi ese es el mundo ideal. Y no es un cuento. Es tratar de incentivar que la gente arme sus empresas y darles las facilidades. Darle financiamiento para que esas empresas nazcan y generen productividad. Entonces, cuando Venezuela apunte a eso es que vamos a ver el cambio. Ahorita veremos una pequeña apertura porque sabemos que por el camino que vamos no es, entonces hay que devolverse. Y si alguien te dice: ‘no, volvamos para allá’. Nosotros como sociedad diremos: ‘no, para allá no’. En Perú está constitucionalmente prohibido poner controles de precios, por ejemplo. Ellos aprendieron.

-¿Y nosotros?

-Yo sí creo que hemos aprendido. Tú le dices a la gente control y te dicen: ‘no’. Le dices: ‘te vamos a aumentar el salario’, y te dicen: ‘no’. Porque hemos aprendido. No sé si la clase política lo ha hecho, porque no han trabajado mucho en eso, se han concentrado en sacar al chavismo del poder.

-Un mensaje para los jóvenes que todavía están en Venezuela.

-Que no traten de extrapolar la Venezuela de hoy hacia el futuro. Los países cambian y rectifican, la Venezuela del futuro no va a ser como la de ahora. Lo más probable es que sea mucho mejor. Que las condiciones para vivir, para desarrollar cualquier actividad económicasean muy distintas. Visualizar un futuro donde siempre debes tener una contingencia, una coyuntura, vivir con la soga al cuello, eso no es extrapolable en Venezuela: eso es un error, esas cosas cambian. Si tú piensas que esto es el futuro que vamos a tener dentro de 10-15 años, tu decisión optima es irte o aceptar que eres masoquista y te gusta pasar trabajo.

Lo que su conciencia le dicte

Votar o no, he allí el dilema que hoy enfrenta medio país, y del que ni siquiera nosotros, como medio, hemos podido escapar. Aunque mayoritariamente nuestra redacción ha terminado inclinándose por la participación, hay todavía entre nosotros quien no. De allí que estas líneas de hoy no puedan gozar de la contundencia de otras ocasiones: estamos imbuidos en una situación cuya complejidad nos abruma y sobrepasa, y en la que sobran argumentos (buenos y legítimos) para hacer una cosa u otra. Por eso, en esta hora complicada nuestra apuesta como medio no es otra que a la conciencia de cada uno de nuestros lectores: con libertad y sin coacción, sin dejarse llevar por consignas electoreras ni por emociones muy fuertes (el despecho, la frustración y el rencor tres de ellas), desechando el optimismo iluso y el pesimismo fatalista, poniendo a un lado los chantajes baratos y las etiquetas gratuitas, teniendo claro quién es el verdadero enemigo a vencer, e intentando hallar, entre tanta mentira y falsedad, la poca verdad que se consigue, con todo ello, y en conciencia, que cada quién haga lo que deba y lo asuma. Eso es todo lo que podemos decir.

La MUD ante la elección de su vida

Cuando Tibisay Lucena salga mañana a golpe de medianoche a felicitar a los electores y electoras por una extraordinaria jornada cívica, pacífica y democrática, Henry Ramos Allup estará tragando grueso. El zorro viejo de AD sabe que, para bien o para mal, lo que pase mañana será, en gran parte, su responsabilidad. El expresidente del Parlamento se jugará en las próximas 24 horas el futuro de su proyecto político y los resultados que arroje el CNE definirán, también, el destino de la Mesa de la Unidad Democrática. Si el mapa no se pinta de azul, si la MUD no obtiene una victoria contundente, Ramos Allup será, indiscutiblemente, el padre de la derrota. Fue él quien convenció a la novel clase política venezolana que la vía era electoral, que el camino para salir de Maduro pasaba por las regionales y que la gente, después de cuatro meses de protestas, lo que quería era expresarse a través del voto. A eso apostó y por eso ha trabajado durante el último semestre. Puertas adentro, su partido ha cogido una fuerza inesperada: venció contundentemente en las primarias y desplazó a los rostros de VP y PJ que tanta notoriedad habían conseguido a lo largo de las manifestaciones. Puertas afuera, la tarea está aún por cumplir. La MUD construyó la anhelada mayoría frente al chavismo en diciembre de 2015 y mañana, gústele a quien le guste, deberá demostrar, de nuevo, que el PSUV no tiene gente, que Venezuela clama por un cambio que la saque de la desgracia. De no ser así, el panorama sería desolador. Porque de nada servirá cantar fraude luego de que el gobierno gane la elección. La oposición aceptó las condiciones para medirse y dijo estar preparada para evitar cualquier trampa. Fue su decisión, y tendrá que asumir las consecuencias. Quiso entrar en el tablero electoral y ahora deberá guapear en una lucha desigual de peones contra reinas. Si el mapa se pinta de rojo –como en 2012, 2008 y 2004–, no habrá pataleta que valga ni retórica que maquille el descalabro. La MUD, que no quepan dudas, está ante la elección de su vida.

La rebelión de las masas

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Tomo prestado el nombre del ensayo de Ortega y Gasset debido a que por casualidades del destino es mi lectura actual. Si bien el mencionado libro se escribió en un contexto totalmente diferente al nuestro (la ascensión del fascismo al poder en Europa), nos servirá de ejemplo para observar cómo una masa (también muy distinta a la que hoy adversa al gobierno venezolano) fue suplantando espacios de la elite, creando un grupo de personas homogéneo que de a poco fue rompiendo las clases elitistas.

Pues bien, en nuestro universo paralelo precisamente la elite es el hombre masa, y el hombre masa es un conjunto de individuos derrotados que han observado cómo los años de revolución se han llevado lo mejor de sus vidas. El sueño de Karl Marx vive al norte del continente sudamericano: que cualquier ignorante sin dotes de pensamiento se equipare o inclusive pisotee y someta al hombre culto y estudiado. La realidad así lo demuestra, por difícil que sea de entender para cualquier extranjero: al gobierno venezolano lo manejan choferes de autobús, porristas, narcotraficantes y lacayos, mientras que la masa se ha conformado por ingenieros, médicos, abogados, artistas, empresarios, intelectuales, y un sinfín de profesionales que curiosamente ya no pueden ni ejercer sus profesiones; después de todo no hay mejor forma de dominar una nación que destruyéndola (sí, ese es el único fin del comunismo). Interpretar que todo esto sea verdad es una dura realidad para el venezolano, tanto para el que está dentro, como para el que está fuera, escuchar frases de extranjeros que mencionan a la Caracas de los 70’s como la mayor metrópolis de América Latina y verla reducida hoy en día a cenizas con edificios grises, y poblaciones invadiendo los basureros es una pesadilla distópica que ni en Mad Max se puede representar.

Poniendo todo esto en contexto entonces podremos deducir que la lucha que libramos los venezolanos hoy en día es quizás la más desigual de todos los tiempos, pues en el pasado el hombre masa disponía de la brutalidad de la ignorancia, lo cual podía dotarlo de una violencia que a la postre podía lograr la conquista de espacios haciendo el uso de la fuerza. En la Venezuela del presente, el hombre masa es la elite, y la elite pasó a ser masa, es por ello que el primero posee las armas, el dinero, la fuerza, y el don de la ignorancia; mientras que el segundo únicamente dispone de una sabiduría inaplicable contra la vehemencia revolucionaria y derrochadora. Visto desde ese contexto, estamos en una absurda desventaja, pues la nueva elite posee las armas del hombre masa y el control social que propicia el dinero y el poder político. Los soldados se sienten fuertes; vestidos de oliva son impenetrables y más poderosos que nunca, asumen de guardianes de la carretera y a su vez fomentan el crimen y se enriquecen aprovechando el desbarajuste estatal.

Viendo todo el contexto desde dicha panorámica pareciera estar todo perdido, pues en ocasiones, por mucho que duela, solo el caos podría traer cambios, y el nuevo hombre masa no es individuo de caos, sino de orden, y la elite superpuesta ha minado de anarquía su universo. Es por ello que se presentan las dudas e incertidumbres, pues el nuevo hombre masa ante la vista de que la lógica no es aplicable a su realidad, empieza a perder los sentidos, a querer disfrazarse de inadaptado, y proceder así a generar un cambio que ya no haya como propiciar.

Aquella tarde que Ramos Allup vociferó que participaría de las elecciones regionales, el control de mi televisor salió volando y estrellándose contra la puerta del closet; los improperios se adueñaron de mi garganta y en medio de mi efervescencia lo maldije una y otra vez, entonces vale la pena preguntarse: ¿Por qué el nuevo hombre masa, ilustre y pensador, ha soñado con convertirse en un mono violento y agresivo? Sencillamente porque su realidad así lo dispuso; no obstante, una vez pasada la algarabía del odio, el dolor, la desdicha, el nuevo hombre masa debe volver a pensar, a apropiarse de las armas que le quedan y sabe usar, y salir a dar la batalla, esa batalla, esa lucha que no acabará hasta el día en que caiga el rey de la ignorancia, el nuevo hombre elite, quien también en su nueva faceta de cambios aborrece la opinión popular y le teme al poder del nuevo hombre masa, quien ahora le supera en números.

Venezuela va rumbo a ser un país de analfabetos

Venezuela va rumbo a convertirse en un país de analfabetos, tal como demuestran los datos oficiales del Ministerio de Educación. Sólo basta restar la cifra de niños que comenzaron clases en 2016 (7.446.515) con la de aquellos que empezaron clases este 2017 (7.195.335) para encontrarse con la alarmante cifra de que 251.180 muchachos abandonaron la escuela entre uno y otro año. Eso equivale, como bien apunta Richard Sanz en la revista ‘Zeta’, a 10 estadios universitarios repletos de niños que hoy se encuentran sin estudiar. Todos los especialistas coinciden en que este nivel de deserción está estrechamente ligado a la grave crisis económica que vive Venezuela, que ha impedido dos cosas básicas: que los niños se alimenten, y que puedan disponer de los útiles necesarios para ver clases. Cuando lo que falta es comida, ya la educación, en la lista de prioridades, queda en un segundo plano: son miles los niños que deben sobrevivir con una comida al día, y otros tantos los que la encuentran en la basura. Menos dramática, pero igual de triste, es la situación de aquellos que tienen resuelto el problema del alimento pero no el de los útiles: son cifras del CENDAS que la llamada canasta básica escolar para un estudiante de educación básica está 1,2 millones de bolívares (aproximadamente 10 salarios mínimos) y para estudiantes de media llega a 1,7 millones (un poco más de 12 salarios mínimos). Así las cosas, son muchos los padres que todavía queriendo no pueden mandar a sus hijos a los liceos, aun cuando muchos de éstos han optado por flexibilizar las normas. El resultado es que 251.180 muchachos se encuentran hoy en las calles y no en el lugar donde deberían: la escuela.