virginidad

Los hombres esperan que haya sangre

Well, girls see more blood than boys

Ygritte — Game of Thrones.

 

Tal vez empezar este artículo con una afirmación no sea lo más acertado. Puede que fuera más correcto lanzar una pregunta al aire, digamos: “¿Los hombres [aún] esperan que haya sangre?”. La duda aumenta si dirigimos la interrogante hacia el otro género —el nuestro—: ¿Las mujeresesperan que haya sangre?

Hablo de sexo, por supuesto.

En concreto, de esa idea abstracta que es “la virginidad” y que parece haberse reforzado en el inconsciente colectivo con símbolos como las tres rosas —la famosa prueba del pañuelo en la boda gitana—; el imaginario de las novelas románticas o la creencia “ciega” en la prueba de la virginidad, que todavía se aplica en al menos 20 países y que determina si una mujer puede o no ser repudiada luego de no sangrar durante la noche de bodas, entre otras cosas —algunas víctimas de violación, por ejemplo, también son sometidas a este examen ginecológico para comprobar si el acto “realmente” ocurrió.

De manera que nuestro cuestionamiento inicial requiere ir a un escalón previo: “¿Qué es la virginidad?”.

Cuando Leonardo Pérez, miembro de la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam), hizo esta pregunta frente a los asistentes del taller de educación integral en sexualidad, se produjo un silencio general en el salón. Nadie quería apuntar lo “obvio”.

—Se le dice virgen a quien nunca ha tenido una experiencia sexual —aventuró alguien.

—¿Y cuántos tipos de relaciones sexuales existen? ¿los niños nunca han tenido una experiencia sexual? ¿por qué es importante la virginidad? —insistió Leonardo.

La virginidad es importante porque asegura —en algunas culturas— que una mujer se case.

La virginidad está ligada a la honra de la familia.

La virginidad determina la “pureza” de un cuerpo femenino.

Queridos niños y niñas, nos mintieron a todos.

La Organización de las Naciones Unidas tiene su propia respuesta: “El término virginidad no es ni médico ni científico. El concepto de virginidad es una construcción social, cultural y religiosa, que en realidad refleja una discriminación contra mujeres y niñas”.

Son dos chamos. La chemise azul advierte que van entre segundo y tercer año de bachillerato. Conversan a viva voz por la avenida Urdaneta del centro de Caracas, con el ánimo de quien quiere hacerse eco en la multitud.

—… yo me asusté, loco, porque la carajita sangró cuando se lo metí. Entonces es que sí era ¿verdad?

—¡Claro, menor! Mira, yo una vez estuve con una loca que sangró que jode. De pana te lo digo: esa no era virgo, era virguísimo.

Es martes, al mediodía.

Resulta curioso: escuchar la palabra menstruación es, para muchos, como intervenir la 5ta Sinfonía de Beethoven con una pedorreta. Una herejía. La menstruación es un desecho del coño del que es mejor no hablar. Pero el coño, solo solito, “llama como un animal marino. Llama al hombre. Llama al macho íngrimo e íntimo e íntegro, despertándolo de su sueño”, escribió Milagros Mata Gil.

Si se trata de la conquista del coño, todo el mundo tiene un comentario, una anécdota, una recomendación.

Y lo más importante de todo es: no hay conquista sin sangre.

Entonces, hay que tumbar la barrera, quebrarla, penetrarla, romperla, hay que abatir al coño y para ello solo es necesario un paso pequeñísimo: deshacerse del himen.

El santo himen que, como buen dios, no sangra. Entre otras cosas, porque es una membrana delgadita y frágil como la fantasía de quienes creen en los orgasmos fingidos.

Nunca falta una excusa: usaste tampones, hiciste ejercicios muy fuertes, te metiste los dedos en ese huequito que tu mamá te dijo que jamás debías tocar. Empiezas a buscar en internet los tipos de himen que existen. Complaciente, anular, labiado, semilunar… alguno de esos debe explicar por qué no sucedió nada, por qué el coño no lanzó ninguna señal que compense la expresión dudosa de tu pareja.

“Pero sí, soy virgen, lo juro”.

Te sientes mal. ¿Qué palabra debes usar para reclamar esta traición? ¿Por qué tu coño, totona, concha, cochofla, papo, cocoya y tantos “ona”, no sangró?

Porque lubricaste, mi amor.

Porque lo pasaste bien.

Porque la penetración no fue tan brusca como para lastimarte el cérvix.

Porque no muchas mujeres sangran en su primera vez y esto puede estar relacionado con tensión y rudeza al momento del coito, o con otros factores de salud, como infecciones, inflamación o enfermedades.

Porque esa sangre que buscas no es para ti, sino para reparar el orgullo de lo que entra duro y sale flácido de esa cuevita indomable que tienes entre las piernas.

 

Por Natasha Rangel | @coyoteDventanas