La oposición después del #20M

La crisis representativa de la oposición conllevó a un vacío de liderazgo en el que ninguna de las dos posturas antagónicas –la abstencionista y la participativa– logró un mar de apoyo suficiente para decidir cuál es la ruta a tomar para las ilegítimas elecciones del 20 de mayo. La voz certificada de Guillermo Aveledo Coll, politólogo dedicado a la historia actual, afirma que a la desarticulada MUD no le quedará de otra que refrescarse tras la derrota. Y es que ni los líderes en el exilio ni tampoco los inhabilitados tienen capacidad para tomar la voz de mando de una sociedad que tendrá que resistir más que nunca para sobrevivir. Durante la reciente historia contemporánea, la oposición entendió –tras los “Chávez vete ya”– que la manera de acercarse al poder era construyendo una mayoría electoral; sin embargo, una vez conseguida, el Gobierno tapó cualquier vía de acceso hacia Miraflores. El problema de hoy no radica en la participación o no en unas elecciones sin garantías, sino en qué sucederá después con una coalición opositora defenestrada que necesita redefinirse urgentemente. Luego del #20M, a la única cosa a la que se le debe prestar atención será al refrescamiento necesario de los adversarios al régimen tras un 2017 nefasto, en el cual la población quedó fatigada y en duelo permanente. Ni el pueblo opositor ni sus dirigentes se han podido recuperar de las fallidas protestas y posteriores elecciones gubernamentales, que se llevaron a cabo sin ningún tipo de cambio en el sistema. Después del domingo serán inevitables las recriminaciones y las conversaciones acerca de qué se debía a hacer o no; sin embargo, de ese diálogo necesario y sincero debe salir la reforma de quienes se encuentran en un muy mal momento: sin presión mediática, sin cabeza y sin plan de vuelo.

Presos políticos toman El Helicoide y exigen respeto a sus DD.HH.

Uno de los últimos reductos de dignidad resiste numantinamente en un ala de El Helicoide. Ayer, luego de una situación irregular, un grupo de presos políticos se ha hecho con el control de una parte de la siniestra prisión política de Roca Tarpeya, donde funciona el SEBIN. Su exigencia es clara: respeto a los Derechos Humanos, justicia y libertad. Y es que El Helicoide, cárcel política a fin de cuentas, es una colección de irregularidades y arbitrariedades propias de cualquier dictadura: hay, según reporte de Daniel Ceballos, 4 menores de edad detenidos, 11 presos con boleta de libertad sin ejecutar, 46 presos con boletas de traslado también sin ejecutar, 3 con boleta de extradición igualmente sin ejecutar, 59 a los que se les ha negado constantemente el traslado a las audiencias en tribunales, 4 que nunca han sido presentados ante un tribunal (¡¡¡!!!) y otros 4 en espera de examen psicológico. Entre ellos se encuentra también un misionero mormón de nacionalidad estadounidense al que acusan de ser espía americano, y que lleva preso dos años sin juicio. Y todos resisten en uno de los sótanos de El Helicoide, conocido como Guantánamo, a la espera de que se cumplan sus exigencias…o que los maten. El temor de una masacre semejante a la ocurrida el pasado 15 de enero en El Junquito, cuando los cuerpos de seguridad de la dictadura ejecutaron extrajudicialmente y a la vista de todos a 9 ciudadanos en rebelión, ha comenzado a aflorar en los familiares y  abogados de los amotinados, toda vez que ninguno ha tenido acceso a las celdas para constatar el estado de sus seres queridos. No les han dejado llevarles, siquiera, agua y comida. Obispos, representantes de ONG’s de DD.HH. y hasta funcionarios diplomáticos han sido rebotados en la puerta de El Helicoide –sólo comandos de la GNB, la PNB y el FAES han sido los que han entrado–, por lo que la única fe de vida que hay son unas fotos y videos grabados la tarde de ayer por los presos, que han sido filtrados a las redes sociales y transmitidos por televisoras internacionales –las nacionales no han dicho nada– y en los que han prometido resistir hasta el final. Esa sigue siendo, de momento, la información que hay: que en un sótano de El Helicoide se encuentran, a merced de unos funcionarios que no tienen problema alguno para matar, un grupo importante de presos políticos exigiendo sus derechos y dispuestos a morir por ellos.

Golpiza en El Helicoide

Inscrita en la lista de cárceles tristemente célebres de la historia de Venezuela, El Helicoide presenció la tarde de hoy una situación irregular que acabó con golpizas y represión, en donde el principal afectado fue el estudiante de la UNET detenido en 2014, Gregory Sanabria, a quien le desfiguraron la cara. Los presos políticos recluidos en una de las mazmorras del régimen de Nicolás no sólo padecen las penurias de las cárceles venezolanas –hacinamiento y paupérrimas condiciones sanitarias–, sino que también deben cohabitar con presos comunes. De un altercado entre ambos resultó brutalmente herido Sanabria. Las reiterativas denuncias de los familiares y abogados con respecto a las condiciones de los detenidos en El Helicoide hicieron tanta mella en el organismo de inteligencia como las quejas de los ciudadanos por falta de agua: ninguna. En la sede del SEBIN, el alcalde destituido Daniel Ceballos, El General Vivas –famoso por atrincherarse en su casa con armas de alto calibre en ristre– y el dirigente estudiantil Villca Fernández son los principales rostros de los cerca de 55 presos políticos que conviven con 50 criminales. La situación irregular –que empezó por un enfrentamiento entre ambos bandos de privados de libertad– llegó a tal punto que los menores de edad recluidos en las celdas fueron tomados como rehenes por los presos comunes, quienes exigen su traslado y su libertad, pues un grupo importante de ellos cuenta con boleta de excarcelación desde hace más de un año. El motín fue apaciguado por funcionarios con bombas lacrimógenas, por lo que los ambos grupos de reclusos –según palabras de la madre de un reo– se unieron para exigir garantías y solicitar el llamado del (f) Fiscal General Tarek William Saab. Pese a la (a)normalidad de las cárceles de Venezuela, la situación del Helicoide es inaudita: a falta de días para la fraudulenta elección presidencial, el SEBIN les recuerda sus presos, y con ellos a todos nosotros, que estamos y seguimos en dictadura.

El resucitado de Barcelona

Con 50 días de duración, la fiesta de Pascua, en la que se celebra la resurrección de Cristo, es la más larga de toda la cristiandad. En el Consulado de Venezuela en Barcelona, sin embargo, tiene una duración mucho mayor, diríase eterna. Y es que contra todo pronóstico allí hay un resucitado, un muerto que volvió a la vida. Luis Antonio Martínez Uzcátegui se llama, es abogado de la ULA, hombre cercano a de Tarek El Aissami y según el Seguro Social para abril de 2016 había fallecido. ¿Error del sistema, desliz del pasante subpagado, o movida premeditada para ocultar a alguien? Con Martínez Uzcátegui nunca se sabe. Imperturbable y sombrío, de los que se guardan las cosas siempre, sus mismos compañeros lo ven con sospecha. Hasta los fantasmas le temen. “El paco”, le dicen con reserva. “Es un espía”, conjeturan. “Hace labores de inteligencia”, murmuran. “Cuenta todo lo que hacemos”, se asustan. “Pasa revista y reporta”, suponen. Pero nadie sabe a ciencia cierta qué hace. Tampoco en qué cree. Dicen que fue el responsable de la aparición por unos meses del Comandante Teodoro (ver entrega anterior) en aquella oficina, y que es el que operador político que une los puntos de la revolución con el independentismo catalán. Lo han visto reunirse repetidamente con los líderes de PODEMOS, amén de intentar armar redes con algunos medios para posicionar y difundir mensajes a favor de Venezuela. Lo más curioso, comentan, es que para ser tan rojo-rojito gusta de la buena ropa y los mejores carros. Para muestra, el Audi negro de placa diplomática que ronda la plaza Urquinaona y que le pertenece a él. Un hombre que, dirían los españoles, está siempre hecho una Pascua.

Murió Tom Wolfe, padre del nuevo periodismo.

Aparecía siempre vestido de traje blanco, lo conocían como el Balzac de Park Avenue, rechazó una oferta para estudiar en Princeton cuando joven, quiso ser beisbolista y no pudo, fue uno de los padres del nuevo periodismo, y esta mañana murió. Hablamos de Tom Wolfe (no confundir con Thomas Wolfe, que también era gringo pero mucho más viejo), uno de los mejores periodistas y escritores de los últimos tiempos. Nacido en 1931 en un hogar de Virginia conformado por un agrónomo y una diseñadora, Wolfe estudió literatura y periodismo en la Universidad de Washington and Lee luego de rechazar la oferta (darse ese lujo) de ingresar a Princeton. Una vez graduado intentó ser pelotero profesional, pero el béisbol le dijo en el terreno de juego que no tenía condiciones. Entonces se dedicó a escribir…pero a su estilo. En una época de redacciones planas, dominadas por la pirámide invertida y sus cinco preguntas (qué, cuándo, dónde, quién y por qué), Wolfe fue uno de los primeros que se decantó por un estilo más literario y personal, que posteriormente sería conocido como “Nuevo Periodismo”, al que le dedicó un libro y del que se le consideró uno de los pioneros. ‘The Washington Post’, ‘Esquire’ y ‘The New York Herald Tribune’ fueron alguno de los diarios que tuvieron su firma, aunque el grueso de su obra periodística está en formato libro y consta de grandes reportajes y crónicas en los que retrata a la gente de su tiempo. Ese mismo afán lo trasladó a la literatura, campo en el que también incursionó con éxito, destacándose como un escritor realista y uno de los mejores taxidermistas (por aquello de diseccionar y congelar) de la sociedad contemporánea. ‘La hoguera de las vanidades’ fue su opus magnan, una obra inolvidable cuya reseña puedes leer aquí:

https://www.revistaojo.com/2016/09/11/la-hoguera-de-las-vanidades-tom-wolfe/

Dickinson, la excentricidad del genio

Vestida de blanco y encerrada en su habitación, Emily Dickinson (fallecida un día como hoy, pero en 1886) pasó los últimos 15 años de su vida enfocada en la producción de una obra que sólo fue reconocida póstumamente. De quien se convirtió en una de las poetisas más importantes de Estados Unidos se puede decir que su excentricidad fue tan grande como su legado. Después de tener una breve, pero rica educación inicial, Edward Dickinson, su padre, la incentivó a estudiar en una universidad –sólo para mujeres– en una época en donde el sexo femenino no tenía casi oportunidades, allí permaneció por un curso. Fue en ese momento, entre los 16 y 17 años, que Emily se dejó retratar por última vez. Más allá de quienes alegan que su reclusión en la casa paterna se debe a su temor obsesivo ante los espacios abiertos, Emily pasó siete años cuidando a su mamá antes de morir. Asimismo, pese a las oportunidades académicas que le brindó su padre, este le exigía cuidados preferenciales. Y es que se dice que Edward sólo comía el pan que amasaba su hija. Desde entonces y desde su habitación, germinarían ideas geniales que lograrían una obra bien acabada que se transformó en escuela de las próximas generaciones de poetas. Tal era su excentricidad que, cuando tenía visitas, hablaba siempre desde su dormitorio con la puerta cerrada. Gracias a la condición económica de su padre, quien logró ser diputado del Congreso en Washington, Emily no tuvo la necesidad de salir a buscar trabajo para sobrevivir, por lo que se dedicó a los cuidados de la casa y a la escritura exclusivamente para ella. Negada a publicar, pues pertenecía a esa corriente que no le gustaba divulgar nada de su trabajo, llegó a escribir 300 poemas al año. A lo largo de su vida alcanzó los 1.800 poemas que abordan la muerte y el amor como temas principales. Pese a su negación a ser pública, Emily Dickinson permanece, a 132 años de su muerte, viva en la historia de la poesía.

¿Debe pasar algo el 21M?

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Es tan predecible que hasta da fastidio escribir sobre eso. Pero es necesario. Porque en una semana estaremos en el día después, que será día de reproches. Ahí estarán Falcón y Francisquito Rodríguez en rueda de prensa con corresponsales extranjeros, lamentándose por la oportunidad histórica perdida, descartando la pregunta del fraude y culpando por entero a la abstención, porque ‘si la gente no votó, ¿qué vamos nosotros a poder reclamar nada?’. Allí estarán en las redes Carlos Raúl y Mires, Zeus tronantes los dos, botando rayos contra todos aquellos (‘¡bravo campeones!’) que no votamos y permitimos la reelección del dictador. Saldrá Luis Vicente cambiando su ‘sí pero no’ de los días anteriores por un ‘no pero sí’ e intentando sembrar la duda de ‘¿qué hubiera pasado si…?’. Y ante el hecho incontrovertible de que todo siguió igual y no pasó nada, entonces algunos vacilarán y comenzarán a replantearse lo que hicieron y si de verdad no fue un error abstenerse. Y no. No lo es ahorita ni lo será en una semana. El error, el verdadero, está en esperar que en una parodia de elecciones suceda algo que no sea la reelección del dictador. En esa esperanza falsa, en ese supuesto errado, es donde se funda la falacia con la que los sabios de Falcón buscarán azotar el próximo lunes a los que no votamos: en que ese día debía pasar algo. Y nada más falso. Estamos en dictadura y sólo pasará algo cuando un actor de mayor fuerza le quite el poder. ¿Somos los ciudadanos ese actor de mayor fuerza que puede hacerlo? No. ¿Son unas elecciones organizadas por la dictadura, bajo sus propias reglas y control, el medio para hacerlo? Tampoco. ¿Debería entonces pasar algo el 21M? Definitivamente no. Es y será, sencillamente, un día más en dictadura: miserable, pobre e infame.

Un día de la madre en revolución

Ni parto humanizado ni bono de embarazada: el régimen no protege a las madres ni a los hijos, más bien los condena a realizar acciones desesperadas, inhumanas. Los 700 mil bolívares de dádivas que regala el único presidente obrero que no trabaja alcanzan, a lo sumo, para un tercio de leche de fórmula. Un día de la madre en revolución no es normal. Y es que abandonado detrás de la Iglesia de la Candelaria, entre las esquinas de Candilito a Urapal, un recién nacido fue hallado por funcionarios de la PNB la tarde de este domingo según publicó el periodistas Román Camacho. No es la primera vez que pasa. En marzo, un bebé -que todavía tenía el cordón umbilical- fue encontrado dentro de un bolso debajo de los asientos de un tren del Metro. El año pasado apareció uno en una caja y otro en el baño de un mercado. Y, como éstos, muchos otros más. La anormalidad se apodera de un país en el que lo extraordinario se convierte en indiferente. El rayo madurizador no es otra cosa que la capacidad del régimen de destruir cualquier vestigio de desarrollo y moralidad. Pese a todo, la criatura hallada ayer no tardó en recibir vestimenta y comida. Incluso, una familia se encargará de su cuidado hasta que encuentren adoptiva. A los hijos nacidos en revolución no sólo les hace falta comida, sino que también -a veces- madres.

RESEÑA: Carta a un niño que nunca nació – Oriana Fallaci

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

A uno le dicen Oriana Fallaci y lo primero que piensa es en la aguerrida periodista de preguntas largas y entrevistados imposibles. Sin embargo, la mítica periodista italiana también fue autora de otros libros que nada tenían que ver con el periodismo, como es el caso de Carta a un niño que no llegó a nacer, que más que un título lo que tiene es un titular en el que en pocas palabras ya queda todo resumido: una carta escrita por ella para un bebé que no nació. Fin del misterio.

Como suele suceder con las cartas, ésta también es dura, durísima, como un puño en el estómago. Nace de cuando a Fallacci, atea, feminista, mujer moderna e independiente, soltera, en el top de su carrera, le informan que se encuentra embarazada y ella comienza a escribirle a ese hipotético hijo:

“Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada. Yo estaba con los ojos abiertos de par en par en la oscuridad y, de pronto, en esa oscuridad se encendió un relámpago de certeza: sí, ahí estabas. Existías. Fue como sentir en el pecho un disparo de fusil. Se me detuvo el corazón (…) Ahora me hallo aquí, encerrada bajo llave en un miedo que me empapa el rostro, los cabellos y los pensamientos. Y en este miedo me pierdo. Trata de comprender: no es miedo a los demás, que no me preocupan. No es miedo a Dios, en quien no creo, ni al dolor, que no temo. Es miedo a ti”.

Como se lee, más que pluma, lo que Falacci usa es un bisturí, de modo que el libro termina siendo una autopsia, una disección cruda y visceral. Es un libro más sentimental que racional, cosa que no deja de sorprender en una mujer a la que uno tiene por dura. Aquí, sin embargo, se nos muestra frágil y dubitativa, sobrepasada por un hecho, la maternidad, sobre el que ella tiene poco control, y que por el contrario la controla a ella, cosa que la mata. La vemos pasar de la alegría a la tristeza, de querer tenerlo a no, de tener la certeza de que toma la decisión correcta, a dudar de si estará bien o mal, de hacer una cosa y luego la contraria. Vemos a un ser humano en una genuina experiencia humana, contradiciéndose y pasando por los más variopintos sentimientos, que van desde la ternura hasta la impiedad, de la rabia al odio.

Los monólogos de Fallaci son sencillamente desgarradores. Están escritos con sangre. Independientemente de que uno esté o no de acuerdo con lo que ella dice, no puede dejar de celebrar la sinceridad que hay en ellos. Allí le escribe a su hijo sobre la vida, el amor, la libertad, el dolor. Le cuenta fábulas de su infancia. Trata de prevenirlo sobre cómo es el mundo al que viene. Da su visión del mismo. Se descubre. Y todo con una pluma tan afilada como una daga, que se clava en las vísceras del lector. Sí, eso es este libro: una puñalada.

FICHA

Título: Carta a un niño que nunca nació

Autor: Oriana Fallaci

Año: 1975

Páginas: 100

Calificación: 8 / 10

RESEÑA: ‘Limitless’

La idea que plasmó el director Neil Burger en ‘Limitless’ pudo servir para realizar un film de superhéroes; sin embargo, desechó aquello y prefirió rodar un thriller que tiene como trama la superación personal. Que el ser humano no utiliza todo su potencial del cerebro es una creencia errónea harta repetida, por lo que Burger partió de allí para proyectar una película que dejará en el espectador la sensación de que sus capacidades son ilimitadas, pero que sólo empleamos un mínimo porcentaje. Eddie Morra (Bradley Cooper) es un escritor bloqueado que encontrará la solución a todos sus problemas gracias a un medicamento revolucionario que le permitirá utilizar al máximo su potencial. El consumo de la píldora NZT no sólo llevará a Morra a padecer efectos secundarios, sino que pondrá bajo amenaza su vida: alcanzar la cúspide personal y económica no puede ser tan fácil. En el reparto se destaca la presencia y actuación de Robert De Niro, quien alcanza a interpretar a un personaje sutil y siniestro. Pese a que al largometraje está lleno de fantasía, es capaz de entretener durante casi dos horas. La puesta en escena, dirección de arte y musicalización son redondas. Si bien no alcanza el grado de ‘masterpiece’ ni mucho menos, ‘Limitless’ es adrenalina pura. Y es que pese a que no se trata de una película de peleas ni de persecuciones a altas velocidades, el ritmo frenético permite que la aceleración este en nuestra mente gracias a una genial banda sonora que compagina con el desarrollo.