Verdugo no pide clemencia

Él, que alienó y amenazó a miles de trabajadores para construir su PDVSA roja – rojita. Él, superministro de la Revolución Bolivariana. Él, zar del petróleo en Venezuela. Él, figura poderosa del chavismo. Él, en su momento vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela. Él, que según el propio Chávez era la segunda cara visible del proyecto político y económico que hoy nos tiene viviendo esta desgracia. Él, el hombre que más dinero manejó durante estos años de socialismo. Él, que en sus últimos tuits alaba y homenajea a Fidel. Él, que se ha cansado de hablar de campañas mediáticas contra el gobierno venezolano, ahora ha tenido que acudir precisamente a los medios extranjeros (Reuters y BBC) para quejarse, con el rabo entre las piernas, de la forma en que el chavismo hace política en el país.
Rafael Ramírez, aunque usted no lo crea, se encuentra muy preocupado porque, como había venido denunciado en sus escritos, en Venezuela está prohibido pensar distinto: «se está recurriendo para el ejercicio de la política a herramientas inadecuadas, se está criminalizando la disidencia y se está estableciendo una forma de hacer política muy mala». Y al bueno de Rafael no sólo le preocupa eso, sino que también advierte sobre los peligros que acarrea el despotismo. Su consejo, «no solamente al presidente, sino también a todos los compañeros que tienen tan altas responsabilidades», sería «no caer en la provocación de abusar del poder, sino escuchar todas las voces, sobre todo las opiniones como las mías que tienen la intención de ayudar a que prevalezca el proyecto bolivariano sobre cualquier otra posibilidad». No hay que abusar del poder, claro que no. Hay que escuchar todas las voces, por supuesto. Pero, sobre todo, el señor Ramírez le recuerda a Maduro que no es bueno abusar, porque hay otras voces que también quieren el poder.
Al final, con una oposición tan desunida, puede que el gobierno se termine tragando a sí mismo. Por primera vez uno de los cuatro hijos de Chávez (Maduro, Cabello, Jaua y Ramírez) se ha peleado públicamente con la familia y queda todavía por ver cuáles serán las repercusiones.

Asdrúbal Oliveros: “Ni el narcotráfico es tan rentable como el dólar a 10”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Desde las oficinas de Ecoanalítica, Caracas se ve habitable, bonita y hasta próspera. El gran ventanal de su sala de reuniones da precisamente para La Castellana, zona de mucho verde y edificios bajos, coronada por un Ávila majestuoso. Casi al frente, el movimiento de máquinas sobre un terreno de tamaño considerable anuncia que en unos años habrá allí erigida la torre de una aseguradora. Y si uno se quedara con la imagen de ese instante, Caracas sería una señora capital que aparte de ser bonita, progresa. Mera ficción que se derrumba a los minutos, al conversar de economía con el director de la consultora, Asdrúbal Oliveros. La que en principio iba a ser una entrevista de una pregunta para #SurfeandoLaCrisis, terminó convertida en un considerable y muy didáctico coloquio sobre la situación real de Venezuela. Había que aprovechar: no todas las tardes se tiene en frente a un economista que se sabe explicar y hacerse entender. Y aunque estaba en la víspera de un viaje y con un sinfín de tareas encima, Oliveros sacó tiempo para contestar varias de nuestras muchas inquietudes. A continuación, una entrevista de lectura imprescindible para saber por qué estamos cómo estamos y qué podemos esperar para el futuro reciente:

-Asdrúbal, ¿fue la de los años recientes la mayor bonanza económica de la historia de Venezuela?

-Mira, de alguna forma sí. Porque las bonanzas previas, aunque en términos reales cuando las deflactas fueron un poco más grandes, no duraron tanto. Esa es una que comenzó en 2004 y se alargó hasta 2008, fue bastante larga.

-Ahora, si eso fue así, ¿qué lógica tiene, cómo se explica, que en los años de mayor bonanza nos hayamos endeudado tanto y estemos a punto ahora de entrar en ‘default’?

-Eso es un tema que tiene muchas aristas. Durante los años del control de cambio, que arrancó en 2003, el gobierno diseñó un sistema en el que usaba el apetito de la gente por tener dólares para endeudarse “barato”. El sistema pernicioso que el gobierno generó fue el siguiente: emitía deuda, y esa era una manera que la gente tenía para tener dólares. Y fue el peor endeudamiento posible: tú generabas un pasivo del Estado (que hoy nos está siendo bastante pesado), y esa plata no se reinvertía en el país o servía para financiar planes de desarrollo, sino que principalmente terminaba en el bolsillo de muchos venezolanos, que lo que hacían era sacarla del país. Entonces, ¿cuál es la realidad que tienes hoy? Un país con una posición externa extremadamente vulnerable, prácticamente sin liquidez, sin dinero, sin dólares, endeudado y sin capacidad de responder a esa deuda. Por eso caemos en el default. Pero a su vez, tienes un sector privado y unos particulares con mucha plata afuera. Porque esa es la otra realidad: el sector privado venezolano y los particulares, durante el boom, lograron sacar mucho dinero. Nosotros calculamos que el sector privado tiene fuera de Venezuela el equivalente a más de 320 mil millones de dólares. Eso en este momento es casi el tres veces PIB de Venezuela. De hecho, esa plata que tienen muchos privados afuera y muchos particulares ha sido uno de los mecanismos de mucha gente para poder sobrevivir a la crisis: han tenido que cambiar esos dólares para poder soportar estos años de dura crisis. Y esa plata, una muy buena parte de ella, salió vía endeudamiento, lo cual es un total sinsentido.

-¿Es eso lo que llaman fuga de capitales?

-Tiene que ver con fuga de capitales, sólo que fue una fuga de capitales que se financió con deuda, y fue más perniciosa. Porque terminas teniendo un estado endeudado, con altísimos pasivos, y no le ves el queso a la tostada a ese dinero: desarrollo, infraestructura, vialidad, etc. Venezuela debió haber estado a la cabeza de América Latina en cuando a desarrollo por el boom que recibió y el endeudamiento en que se comprometió, y eso no es así: porque terminó en bolsillo de particulares afuera.

-¿En verdad existe un dólar a 10 bolívares o es un mito?

-Existe y es una distorsión. Para que tengas una idea: el 91% de las importaciones del Estado se hacen a 10 bolívares por dólar. Y cerca de un 22% de las privadas se hacen a 10 bolívares por dólar. Esas son cifras de 2017. Cuando tú ponderas eso: por tamaño, lo que es el sector público, el sector privado, te termina dando que cerca el 84% de las importaciones del país se financian con dólar a 10.

-Pero eso no se ve reflejado en los precios de la calle…

-Bueno, porque ese 84% que se importa a 10 queda finalmente diluido por corruptelas, ya que muchas de esas importaciones no tienen impacto directo en los anaqueles y en la red de abastecimiento, porque muchas de ellas son importaciones del sector petrolero y de empresas estadales, o son las cajas Clap. Entonces, al final la peor distorsión que tienes en esta economía, entre muchas, es que el grueso de las importaciones son a 10, pero el marcador es el dólar negro, que aunque financia la mitad de las importaciones privadas, eso es alrededor de un 14-15% del total. Entonces, ese 15%, que te puede parecer poco, se convierte en el marcador de una economía con todas las distorsiones que eso genera.

-Ahora: me dan un dólar a 10, lo vendo a 80 mil en el mercado paralelo y tengo para comprar 8 mil dólares a diez. ¿Hay en el mundo un negocio más rentable que ese?

-Yo te diría que no. Ni siquiera el narcotráfico es tan rentable, porque además es ilegal y quien lo hace se juega la vida. Con el dólar a 10 no, porque tiene una estructura legal que lo ampara. De alguna manera, es un sistema de protección que lamentablemente está detrás del Estado. Y por eso es que también, y yo siempre lo digo, el control de cambio no lo puedes ver desde la lógica económica. Por supuesto, yo soy economista y entiendo que lo tienes que quitar y todo lo que uno siempre dice. Pero al final, el gobierno, cuando uno intenta entender por qué lo mantiene y no lo quita, es porque la lógica es política. Hay una cantidad de actores y de grupos que se están alimentando de esto, y que para Maduro es muy difícil quitar. Al final tiene que ver con cuotas de poder.

-¿Son siempre malos los controles?

-Mira, yo siempre he dicho que el control de precios es uno de tres trillizos: el control en sí, la corrupción y el arbitraje. ¿Qué es el arbitraje? Eso que tú acabas de describir. Ni que pongas al Papa Francisco a administrar las divisas podría hacerlo correctamente ya que el incentivo es muy grande. Si a mí me venden a 10 pero yo sé que tú estás dispuesto a pagar a 80 mil, yo tengo todos los incentivos para venderlo. Lo mismo pasa con la harina, con los productos regulados, etc. Toda estructura de control en la que el precio es ficticio y está por debajo de la estructura de costo termina en estos sistemas de mercado negro. Efectivamente, hay mucho de corrupción en este proceso. Nosotros hicimos un estudio, que lamentablemente no hemos podido actualizar porque no se ha actualizado la data del BCV. Pero entre 2003 y 2012 calculamos que la sobrefacturación de importaciones era más o menos equivalente a 69,5 millardos de dólares. Es decir: son importaciones que se declararon pero no llegaron. Y tienen que ver con este sistema. Y ya de mucho antes esto venía ocurriendo. Y fue prácticamente desde que nació el control.

-Ahora, en el caso específico del control de cambios, que Venezuela no es el único país que lo tiene y hay algunos en los que hasta pareciera que funciona. ¿Son necesarios? ¿Son una buena medida?

-Los controles de cambio no son buenos ni malos: son una excepción. Hay momento en los que los tienes que aplicar, pero en cosas de muy corta duración. Obviamente, Venezuela en 2003, después de la paralización de la industria petrolera, lo necesitaba. Pero ya por ejemplo en 2005 o 2006 era lógico quitarlo: tenías una economía con bajo riesgo país, Chávez iba a su reelección, la oposición iba al proceso, tenías activos en reserva para defender el tipo de cambio, etc. Pero Chávez decidió no hacerlo porque el control de cambio es un arma política muy poderosa, que le permitía tener sometido al sector privado al Estado; adicionalmente, le permitía al Estado financiarse muy barato, porque como esos bolívares quedaban represados internamente, el Estado se apropiaba de ellos para su financiamiento. Entonces fue una decisión estrictamente política mantener el control de cambio más allá del tiempo prudencial que lo ameritaba.

-Vayamos al otro extremo del control: Dólar Today, ¿el dólar cuesta lo que dice esa página?

-Mira, es un tema complejo que tiene que ver un poco con el dólar al que puedes acceder. En una economía en la que funcionaran las cosas bien y estuvieran medianamente sanas y con los desequilibrios más o menos ordenados, el tipo de cambio no sería esa distorsión tan terrible, que no hay quien pueda aguantar. Pero es que Venezuela está lejos de ser eso. Entonces, la única forma en la que tú puedes aspirar a tener un tipo de cambio de alguna manera que responda más a condiciones de país, de oferta y demanda, un tipo de cambio sano, tiene que pasar necesariamente por cambiar el modelo político y económico. Con este no es posible.

-¿Todo pasa entonces por un cambio de gobierno?

-Yo ya soy escéptico de que Maduro pueda implementar las reformas que la economía requiere para superar este problema. Hasta ahora se ha negado y no parece dispuesto. Y el tiempo pesa. Cada día que pasa se profundizan las distorsiones y hace pensar que el tipo de cambio que termine quedando, en una economía abierta de mercado, va a ser cada vez va a ser más alto, así no sea Dólar Today.

-Entre 10 y 84 [NDLR: precio del dólar el día de la entrevista], ¿el verdadero estará más cerca de…?

-Es que es muy difícil saberlo, porque tiene que ver con las reformas que tú apliques. Pero yo te diría que si de alguna manera haces un plan amplio de reforma, y también depende de un factor clave, que es plata: si obtienes liquidez, dólares para defender la moneda, el tipo de cambio va a ser mucho más bajo. Lo que sí vas a tener inicialmente, y ese es un efecto psicológico importante, es que cuando liberes la moneda, el tipo de cambio, la tasa, se va a pegar, va a seguir a la paralela, porque es la de las expectativas, y luego, dependiendo de las políticas que se implementen, esa tasa paralela va a ir cediendo. ¿Hasta dónde puede ceder? Va a depender del compromiso de los ‘policy maker’, de los que están allí detrás, en las reformas, en la plata que logren levantar. Entonces puede ser que la caída sea muy abrupta o muy lenta. Por eso es muy difícil decir cuánto va a ser el tipo de cambio. Ahora, lo que sí te puedo decir, 100% seguro, es que va a seguir siendo mucho menor de lo que dice Dólar Today

-¿Venezuela es recuperable, Asdrúbal?

-Bueno, mira, yo creo que todos los países son recuperables. La historia está llena de ejemplos de países devastados que se levantaron y hoy son potencia. Y así como los países no tocan fondo, tampoco están condenados al fracaso per se. Eso para mí es fundamental. Ahora, hay cosas que se van a recuperar más rápido que otras. Yo creo que nos queda todavía una especie de bono, de bendición celestial, de unos 30-40 años, en los que el petróleo va a seguir jugando un rol importante como fuente energética, y tenemos que aprovecharlos para hacer las transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales del país. Porque probablemente después de 30-40 años ya el petróleo no va a ser lo que era, y tendremos que aprender a vivir de otras cosas y hacer ese salto a una sociedad post-petrolera, que hoy Venezuela no está preparada para eso. Entonces, ese es un reto que tendremos en frente.

-¿Cómo sería esa recuperación del país?

– Venezuela va a requerir varia etapas: una primera de emergencia y de estabilización, y luego otra reformas más profundas y estructurales. Esto quizás suena cínico, pero como estamos tan caídos en el foso, que en la medida en la que uno empiece a hacer las cosas bien va a ver rápidamente los cambios. En una economía que está en este grado de deterioro, hay muchos elementos en los que en el mismo día uno vas a ver cambios. Eso no quiere decir que de la noche a la mañana Venezuela se vaya a recuperar, pero creo que lo que falta, y por eso hay tanta desesperanza, es esa senda, esa luz al final del túnel que te diga: vamos corrigiendo cosas para enrumbar al país. Y eso es posible: pero insisto con otro modelo político y económico, que no tenemos en este momento, y es el principal escollo que hay actualmente.

-Hay nuevo gobierno, forman gabinete, te nombran Ministro de Economía, ¿cuáles deberían ser las medidas a tomar?

-Para mí hay 5 frentes claves a los que deberían estar orientadas las medidas. El primero, el cambiario: ir a un proceso de unificación cambiaria, de una sola tasa competitiva de mercado. El segundo, el fiscal, que pasa por una reforma importante del Estado y tiene que ver con elementos institucionales también, porque tienes un estado hipertrofiado y con un déficit descomunal con el que es imposible tener una economía y unos indicadores sanos. El tercero, el precio: hoy el principal elemento de distorsión de la economía, y sobre todo para la gente, es la inflación, entonces parte importante de ese plan es estabilizar precios y reducir la tasa de inflación; yo diría que esa debe ser la prioridad dadas las condiciones de precariedad que tiene mucha gente hoy en Venezuela: hay obligatoriamente que recudir el tema inflacionario, y eso pasa por una reducción de controles, el rol del sector privado, el tema  productivo, el tema importador. El cuarto, el frente petrolero, que es medular y pasa por una reforma importante de PDVSA: volverla a llevar a su rol clave, que es la producción de crudo. Y por último, pero no menos importante, el tema social: tienes una crisis social grave y tú no puedes estabilizar la economía si no ofreces una política social que ayude a personas vulnerables que en las condiciones actuales no se pueden sostener por sí mismas y están en la pobreza extrema.

-¿Eso no son las misiones y el carnet de la patria?

-No. De ninguna manera: yo hablo de una política social distinta, no clientelar, que no esté atada a la devoción al partido/Estado, sino que de alguna manera le permita a la gente superar la pobreza: transferencias directas, empoderamiento del ciudadano, temas de emprendimiento;  eso es fundamental, es un eje clave, porque si no logras resolver el tema social, cualquier gobierno que venga a futuro no va a tener estabilidad política, entonces eso te va a generar una tensión, una fuente de conflicto importante, que si eres pragmático y con visión de futuro, debes minimizar.

-Ahora, el argumento de mucha gente para mantener los controles es que si se liberan los precios estos se dispararán y llegarán a la estratósfera. ¿Es eso cierto?

Mira, eso era hace algunos años. Si me hubieras hecho esa entrevista en 2012, probablemente te hubiera dicho que es un peligro. Hoy ese peligro no existe: muchos de los precios que ves en las calle, más allá de la bolsa Clap, son más caros de lo que verías en una economía libre. La gente ya está pagando unos precios exorbitantes. Entonces yo más bien creo que una de las consecuencias positivas que tendría una liberación de precios es que muchas cosas o pueden bajar o por lo menos no van a seguir creciendo. Porque hoy todo está marcado por la escasez y la distorsión cambiaria, y todo está atado a las expectativas cambiarias: si tu expectativa es que el $ en una semana está en 100 mil y en 6 meses en 500 mil, te podrás imaginar por donde irán los precios. Ahora, si yo postulo una política cambiaria en la que logro estabilizar un tipo de cambio, eso va a tener una incidencia. De modo que yo no comparto esa tesis. Yo creo que con un programa de estabilización, más bien, en promedio los precios van a bajar.

Ahora, hay cosas que están muy rezagadas: servicios, por ejemplo; eso lo tendrán que ajustar. Pero lo que a la gente más le afecta, que son alimentos, no necesariamente va a tener un salto importante. Pero sí vamos a tener que pagar por los servicios. En el caso del tipo de cambio es lo mismo: con una política coherente en la que el tipo de cambio responda al mercado, tampoco es que vas a tener unas salidas ingentes de capitales, porque tampoco es que haya muchos capitales para salir. Pero digamos que tiene que ver con cómo comunica. Por eso uno de los roles fundamentales en cualquier equipo de gobierno que llegue acá, primero es la credibilidad, que la gente perciba que están preparados para llevar a cabo las reformas, el compromiso de ese equipo con las reformas, y la estrategia comunicacional, porque eso es lo que te permite moderar la expectativas.

-¿Cómo ve Asdrúbal Oliveros el 2018?

-Mira, yo te diría que lamentablemente depende un poco de las condiciones políticas. Si seguimos en este modelo no hay perspectiva de mejora. 2018 es un año en el que van a estar 3 elementos económicos claves que hacen pensar que va a ser un año muy complicado, más incluso de lo que hemos tenido: la hiperinflación, el default de la deuda y la fuerte caída de la producción petrolera, que no se detiene y que afecta el flujo. Esos 3 factores conviven. Y agrégales una crisis social latente que está creciendo. El problema del transporte, del efectivo, de la bombona de gas. Al final la gente ha perdido total calidad de vida y eso es una bomba de tiempo que de alguna manera va a generar un clima de tensión. Y en el medio de esa crisis económica y social tienes un contexto político en el que el gobierno va a buscar la reelección. Ese es el cuadro que tienes. Va a ser un año muy complejo y muy difícil, con muchos elementos de incertidumbre, pero creo que en lo que son números económicos yo no tengo lamentablemente para pensar que vayamos a tener algún desempeño positivo.

Jonathan Collet: ‘Uno está acostumbrado a negar y en la improvisación siempre hay que decir sí’

Jonathan Collet (@jotylodije) está convencido de que a este país, entre otras cosas, le hace falta gente que haga lo que le apasione. Él tomó esa decisión hace casi diez años y desde ese momento se ha dedicado a las artes escénicas. Luego de comenzar con una compañía en el CELARG y de graduarse en la Escuela de Teatro Musical de Caracas, Jonathan trabajó en un show de improvisación con @yasirijilla, conoció a @lanadiamaria y el destino hizo el resto: tuvo la oportunidad, como invitado, de participar en algunas funciones de Improvisto la temporada pasada y hoy en día ya forma parte del elenco.

En esta entrevista, Collet cuenta cuál es su ritual antes de cada show (en el que a veces incluye algún tipo de meditación), explica qué es lo más difícil a la hora de improvisar y afirma que, “aunque suene muy místico”, ahorita en este país necesitas, a juro, encontrar lo bueno en todo lo malo.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Estoy dedicado al teatro desde el 2009 más o menos. Comencé en una compañía en el CELARG. Estuve 5-6 años ahí y luego me gradué en la Escuela de Teatro Musical de Caracas. En paralelo a eso la improvisación llegó a mi vida. Y, bueno, yo soy como el ‘nuevón’ del grupo ahorita. Llevo nada más esta temporada.

–¿Cómo entraste al elenco?

–Por recomendaciones. Me empezaron a ver mientras estaba en otro show de improvisación, que era Impro Teatro, y allí tuve la oportunidad de trabajar con Yasirijilla y conocer a Nadia. Uno en este medio a fin de cuentas conoce a todo el mundo. La temporada pasada me llamaron como invitado y ahorita me dieron la oportunidad de estar fijo con ellos.

–¿Eres introvertido o extrovertido? 

–Yo soy más salido que una gaveta, más salido que un balcón (risas). Suelo ser más reservado con mi vida privada a veces, pero normalmente en este medio, en el que uno se siente tan cómodo y está tan tranquilo, yo soy más salido que el carrizo.

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–Mira, no sé si a ser cómico. Esa es una de las cosas a las que yo siempre le he tenido mucho respeto. Como te digo, yo me formé como actor de teatro, no como comediante ni como improvisador. Y una de las cosas que a mí me parecen más peludas es hacer comedia. De hecho le tengo mucho respeto y mucho miedo a la comedia, pero creo que sí se puede conocer la técnica y ver qué es lo que te funciona. Yo siento que cada quien tiene su humor y tiene como su gancho.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–(Risas) Mi día a día es una locura. Yo también bailo y estoy en un staff de profesores de una escuela. Entonces mi rutina es estar todo el día metido con el arte. Estudio también en las mañanas. Así que en las mañanas voy a clases, luego voy para la escuela, donde me la paso bailando como hasta las 10 de la noche y de ahí a mi casa a lavar ropa, a cocinar, los quehaceres normales del hogar…

Y en un día de función trabajo también a veces. Por ejemplo, los sábados me toca hasta las 3-4 de la tarde y después de ahí a patear calle, a agarrar autobús y llegar para acá (Torreo BOD). Yo soy de los que trato siempre de estar súper temprano porque me gusta estar en las tablas, y eso también lo aprendí como parte de la formación que tuve cuando comencé a hacer teatro: sentir el ambiente y estar con el grupo. Pienso que esos momentos son muy importantes.

Es agotador, pero es divino a fin de cuentas, porque es lo que a uno le hace feliz, y el cuerpo lo agradece.

–¿Tienes algún tipo de ritual prefunción específico?  

–Coye, dependiendo del día. Es decir, sí me gusta calentar mucho el cuerpo, también por el hecho de que tengo formación por la parte de baile y me parece demasiado importante ese aspecto y más en Improvisto, que tienes que estar dinámico porque si te apagas el público simplemente te elimina. Mi ritual normalmente es, como te digo, llegar a las tablas, sentir el ambiente del teatro… Yo soy bien místico con eso. Si me siento como flojo con la voz, de repente caliento un poco esa parte. Si siento algún tipo de molestia, trato de calmarme, de hacer algún tipo de meditación para relajarme. De resto, nada, empezar a compartir con la gente porque yo siento que eso en tarima se nota demasiado.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de improvisar?

–Una de las cosas que a mí me pasó cuando comencé a hacer impro es que me empecé a dar cuenta de que uno está acostumbrado a siempre negar y que el principio de la improvisación, por el contrario, es decir siempre: “sí y…”. O sea, es agregar y buscar qué hay más allá. No sé si lo más difícil, pero lo que más se me complicó al principio, y que es lo que normalmente más se le complica a la gente, es precisamente eso: aprender a aceptar y a no negar tanto. Y la escucha: uno aquí siempre tiene que estar conectado y atento, tener los sentidos totalmente abiertos.

–¿Ese “sí y…” es la clave para ir en contra de la sociedad?, que quizás reprime la creatividad…

–No sé si ir en contra. Mas bien creo que la clave está en utilizar esa fuerza a favor de uno, precisamente como un “sí y…”. Utilizar esa negación que te da la sociedad y darle la vuelta a la tortilla.

–¿Qué haces para mejorar día tras día?

–Uno como actor, no sólo como improvisador, tiene una herramienta que para mí es mágica, que es observar. Yo soy burda de freak por la calle y voy observando gente. Yo soy de los que ve a alguien muy particular en la calle y necesita escanearlo, ver por qué es así. Eso te va nutriendo… Ver películas, ver documentales, leer sobre ejercicios o grupos de improvisación afuera del país… En verdad todo te nutre como persona, como ser humano, como improvisador, como actor, como doctor, como lo que sea.

–¿Mejor y peor momento en tarima?

–Hubo una función hace unas semanas que el título era “¿Para qué está el culo, sino para darlo?” y, claro, la gente normalmente se va por lo común, por el chiste tonto, y nosotros le dimos la vuelta y estábamos hablando del culito de las empanadas. Era una fábrica de empanadas y tal… y yo cerré la historia con un: “Mi abuelo siempre lo decía: que el culo está para darlo” y la gente como “¡Wow! ¡Le diste la vuelta!”. Eso fue brutal.

Y uno así nefasto… Berro, no sé. Es que creo que hasta los nefastos uno se los termina disfrutando. Ayer estuve de cabeza en escena como si fuera una mesa y me agarraron de sopita: la mesa no se movía y llegó un punto en que estaba sufriendo y que ‘¡mieeeeeh!’, pero eso es parte del juego.

A lo mejor es una manera hippie y tonta de ver las cosas malas, pero siento que ahorita en este país, aunque suene muy místico, necesitas ver, incluso en lo malo, la parte buena. Porque si no, vamos a agarrarnos todos juntos cantando y nos lanzamos al metro y trancamos este país (risas).

–¿Cuál es tu género favorito de Improvisto y cuál te gusta menos?

–Me gusta demasiado ‘Musical’, también porque tengo formación en ese tipo de teatro, aunque irónicamente antes odiaba los musicales. Y uno que me cuesta mucho más es ‘Relato y Acción’, me da un poquito de pánico. También por el hecho de que tienes en tarima a una persona del público.

Hay muchos géneros que todavía no he jugado, porque es mi primera temporada.

–¿Vives de esto?

–Sí, vivo de esto. Es algo que me hace feliz, que me apasiona. Yo recuerdo siempre a mi papá. Él era médico y decía: “Coño, esta es mi pasión, yo no hago esta vaina por dinero”. Y eso creo que es lo que hace falta muchas veces en este país. A uno lo acostumbran a ‘sal, estudia, haz, haz’. Y es como: No, date el chance de conocer qué carrizo es lo que tu quieres para que la partas, para que si quieres ser el recogecables o el tipo que barre la esquina, la gente no piense ni siquiera en quién le va a barrer la esquina y ya te esté llamando a ti. Eso es lo que debería pasar.

–¿Improvisto en una frase?

–Oportunidad de crecer.

–¿Un hobby?

–Dormir (risas).

–¿Una canción?

–Too Good at Goodbyes, de Sam Smith.

–¿Artista?

–Ahorita a Sam Smith lo tengo en las venas.

–¿Película?

–Noviembre, una película española en formato documental que me cambió la vida. La recomiendo. Véanla. Es brutal.

–¿Serie?

–Friends o Stranger Things.

–¿Actor?

–Will Smith.

–¿Frase?

–Pa’ lante, marica (risas).

–¿Plato de comida?

–Cualquier plato italiano.

–¿Libro?

–El psicoanalista o el Arte de amar, de Erich Fromm.

El humor y la crueldad

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cosa curiosa esta del humor. Ahora resulta que lo que no pasa de ser, sencillamente, un acto de crueldad bastante elemental –que alguien sano y en todas sus facultades se burle en público de personas con discapacidad y enfermos– es una pieza de humor negro, y como tal debe ser, si no aplaudida, por lo menos defendida y tolerada. Se la ponen difícil a uno los humoristas de esta generación Mega, hay que decirlo. Si por un lado ellos se quejan de la dictadura de lo políticamente correcto, que les impide hacer chistes sin consecuencia sobre todo lo que les dé la gana; no puede uno decir menos de la militancia en la doctrina de la impunidad humorística, que es algo así como el socialismo latinoamericano de los sesenta: una cosa chévere y de avanzada, con la que hay que estar de acuerdo siempre, así estén por allí Fidel y el Che –o Nacho y La Vero– fusilando inocentes, porque la historia (el humor) obligatoriamente los absolverá. Y allí es donde yo dudo. La censura, por principio, me parece horrible; pero la burla a los débiles, por mera humanidad, también. Dicen que eso es humor negro y que por ello debe defenderse. Yo el humor negro se lo leí a Heinrich Böll en ‘Opiniones de un payaso’ y no se me pareció mucho a lo de Nacho. Pero vamos a lo fundamental: ya que dentro del saco del humor entran desde la genialidad más aguda hasta la crueldad más siniestra, ¿debe todo humor, sólo por el hecho de serlo, ser defendido siempre a capa y espada? Los dictadores de lo políticamente correcto lanzarán un no rotundo, y los militantes de la impunidad humorística dirán, como el salsero cubano, que sí y siempre sí. Yo, simple periodista y a veces opinador, lo matizaré con un ‘depende’ y lanzaré un principio muy básico, que se lo debo a Laureano, que fue el que rescató del olvido la anécdota de Soublette, aquel primer mandatario que dijo que el país no se perdería cuando el pueblo se burlara del presidente sino cuando el presidente se burlara del pueblo. Pues eso: el humor no se perderá cuando desafíe al poder –sea de la índole que sea–, sino cuando se vuelva poder y excusa para cebarse impunemente con el débil y con el que no puede defenderse.

Alessandra Hamdan: “Es mejor ser chévere que ser grande”

Alessandra Hamdan estudió Derecho (UCV), tiene alma de profesora, aprendió a bailar hip hop y ahora se gana la vida, entre otras cosas, improvisando cada fin de semana. Y decimos que tiene alma de profesora no porque imparta talleres en La Escuela de Humor, que también, sino por la cantidad de conceptos, explicaciones y ejemplos que soltó en tan poco tiempo y respondiendo a tan pocas preguntas.

Hamdan cree que Héctor Lavoe tenía razón y simplifica la mítica frase del cantante puertorriqueño: es mejor ser chévere que ser grande. Su alter ego, dice, podría ser algo así como Missy Elliott y su película favorita es esa que le dio el segundo Oscar a Tom Hanks por allá en 1995: Forrest Gump.

En esta entrevista nos cuenta, además, el momento más incómodo (y gracioso) que ha vivido durante función alguna: un episodio que involucra a Juan Andrés Belgrave, un desodorante aerosol y una braga que ‘olía malísimo’.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Bueno, estudié Derecho en la Universidad Central de Venezuela, estaba haciendo producción de teatro en el grupo Skena y participaba esporádicamente en el match de improvisación, que es un formato deportivo. También formé parte de otro grupo que se llamaba ‘Perdón, ahí vamos de nuevo’, que lo dirigía Freddy Merentes, pero no seguimos porque muchos se fueron a estudiar impro a Chicago. Además de eso estuve bailando hip hop, hasta que me llamaron de Improvisto hace tres años y todavía pertenezco al elenco.

–Te llamó Domingo y te dijo…

–Salió una muchacha llamada Marianna Michinel del elenco y creo que en ese caso al grupo le estaba faltando una actriz que fuese muy física.

Improvisto es como el fútbol. Digamos que el director, Domingo Mondongo, veía quién tenía el talento y qué podía aportar cada uno al escenario. Dentro del equipo hay muchas personas que hacen comedia y que hacen impro, pero cada uno tiene un fuerte. En mi caso es el cuerpo, lo físico, el baile: yo sé bailar locking, waacking, que son géneros del funk style y el hip hop. Eso en la improvisación quizás es una mezcla muy atípica y creo que por esa razón me llamaron.

Obviamente ya cuando entras al show vas cambiando según lo que tú sabes aportar. También hago clown: estuve recibiendo talleres en España, en Argentina, con Tomate, con Walter Velázquez, que son como mi formación. Una mezcla de todas esas cosas fue lo que intenté aportar al show. En Improvisto ya manejaban la técnica del clown y creo que fue por eso que pensaron que podía estar en el elenco.

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–A improvisar por supuesto: tiene sus técnicas, tiene sus fundamentos. Todas las personas que tienen el interés pueden hacerlo. No necesitas ni siquiera ser actor. Evidentemente si lo eres y quieres aprender la técnica de la impro vas a tener más herramientas que alguien que no tiene el fogueo sobre las tablas, pero cualquiera puede hacerlo. Por supuesto, tener muchas horas de vuelo en el escenario y muchísimas presentaciones y ensayos, te permite ir entendiéndote.

Ojo, en la improvisación no es necesario ser todo el tiempo cómico: no por el hecho de improvisar vas a hacer comedia. De hecho, hay muchos formatos de improvisación que son de drama y que son muy interesantes, que tienen que ver con lo que se llama long-form.

–¿Cómo definirías el formato de Improvisto?

–En Improvisto hay una mezcla de cosas: improvisación, clown e incluso técnicas de stand-up comedy; pero no es el único formato. Hay muchos en el mundo: solos de impro, catch, match, está el formato de maestro en donde se eliminan competitivamente cuatro actores…

Nosotros hacemos improvisaciones que duran 8-10 minutos y que son historias que armamos según el título que nos dé el público. Con la técnica del payaso, que usa la exageración, la mimetización y el juego, de pronto en el escenario podemos, por ejemplo, abrir una puerta como en las comiquitas, tal cual como en Tom y Jerry. Con ese tipo de juegos se puede construir una historia que sea una telenovela. Eso nada más lo puedes ver en Improvisto.

Ahora, si en un formato de long-form tú ves que hay un conflicto en una familia y de pronto sale un extraterrestre, te parece raro, porque no es tan real. Hay formatos que son más realistas. En Improvisto, por ejemplo, se vale todo. Y es fino jugar en el show por eso: es muy caricaturesco, debido a que se apuntó a que fuese así hace doce años, cuando había muchos actores que dominaban la técnica del circo y la del payaso.

–¿Tienes algún ritual prefunción?

–Calentamiento del cuerpo y un ritual de siempre que hacemos nosotros que es vernos a las caras y gritar antes de entrar al escenario para tener la energía de un equipo de fútbol. Es una locura porque la gente quizás no lo entiende. Compartimos camerino con otros y se quedan y que: “Oye, estos están locos”. En este ritual nos tenemos que ver a los ojos. Hacemos como un círculo de energía y de allí arranca el show.

–¿Cuáles han sido tu mejor y tu peor momento en el escenario?

–El mejor fue en una función que hicimos en la Universidad Metropolitana. Yo estaba entrando, era nueva y me tocó entrompar. Digamos que en Improvisto tú vas escalando: al principio tienes más pena, sabes menos, te dejas guiar por los demás porque tú no le quieres arruinar las propuestas a ellos. Al principio tú eres como una persona que sirve a los demás. En mi caso fui in crescendo: en lo que me sentía más cómoda jugaba más y así iba. Pero, bueno, en la Metropolitana me tocó protagonizar y tocó como un baile de hip hop. Recuerdo que ese día le di con todo y el público se volvió realmente loco, loco, loco. Y fue como uff.

Y el peor momento fue cuando tuve que jugar toda una función con una braga que olía malísimo, al punto de que Juan Andrés tuvo que buscar un desodorante aerosol para echarme. Parecía una cucaracha (risas). Era muy incómodo, porque obviamente es muy físico el trabajo de los actores. Para mí fue incomodísimo. Yo decía: ‘¡Dios mío, qué vergüenza!’. Y ojo: me bañé, quiero que lo sepan (risas).

–¿Cuál es el género que más te gusta y el que menos?

–Mis favoritos son ‘Contrarreloj’, ‘Musical’ y ‘Telenovela’. Y los que menos: ‘Dos sílabas’, que es muy difícil, y ‘¿Qué dijiste?’.

–¿Improvisto en una frase?

–Ser tú mismo.

–¿Un hobby?

–Bailar o hacer stand-up.

–¿Una canción?

–Sex Machine.

–¿Un artista?

–James Brown.

–Película.

–Forrest Gump.

–Serie.

–No soy una persona de serie nuevas: me gusta mucho Friends.

–Actor o actriz

–De improvisación, Charo López, que es una argentina que me parece una dura. Y me gusta Emma Stone, Natalie Portman…

–¿Una frase?

–Es mejor ser chévere que ser grande, algo así, como la de Héctor Lavoe.

–¿Ídolo o modelo a seguir?

–Malena Pichot, Charo López… son muy fieles a su trabajo y me gustaría seguir ese camino.

–¿Un alter ego?

–Algo así como Missy Elliott.

–¿Plato de comida?

–Cualquier tipo de pizza.

–¿Libro?

–Cualquier poemario de Mario Benedetti.

Elecciones secuestradas

Al final, todo se reduce a dinero. Quieren seguir robando y, sobre todo, disfrutar tranquilamente de sus fortunas, pero las sanciones no los dejan. Por ello, condicionan todo a su eliminación. “Hasta que se levanten las sanciones, Venezuela no va a ir a un evento electoral ni firmar ningún acuerdo”, dijo ayer Jorge Rodríguez, hablando, sabrá Dios a santo de qué, en nombre del país. La frase fue más que reveladora: primero, porque demuestra que en Venezuela las elecciones se ajustan no a un cronograma elaborado por un poder independiente, sino a los antojos –y conveniencias– de una cúpula, que decide cuándo, cómo y en qué condiciones se hacen; y segundo, porque deja claro que, socialistas a fin de cuentas, lo único que les duele es el bolsillo, que se ha visto afectado –y gravemente– por las sanciones. Son éstas las que han impedido que se refinancie la deuda que contrajeron en los años de bonanza, las que no los dejan hacer negocios en casi ninguna parte, las que hacen que no les abran cuentas en los bancos o les confisquen la plata y los negocios mal habidos, y la que, en definitiva, los ha dejado al borde de la quiebra y prácticamente sin fuente de financiamiento alguna: ni para hacer campaña ni para robar más. Y eso los tiene mal. Saben que ni toda la (costosa) ayuda de los rusos y los chinos alcanza, y que a medida que pasan los días el cerco se les estrecha y el dinero se acaba. Es apenas cuestión de tiempo para que se queden sin nada. Y como no están dispuestos tampoco a pedir ayuda al FMI, controlar el déficit o eliminar el dólar a diez –el negocio más lucrativo del mundo–, como no quieren dejar de robar, entonces apuntan al levantamiento de las sanciones. Por activa, pasiva y perifrástica buscan conseguirlo: cabildean, envían emisarios a hablar por debajo, presionan y ahora directamente chantajean. No son un gobierno, sino una mafia criminal de extracción de recursos que se está viendo ahogada. Y como mafia actúa: secuestrando las elecciones y pidiendo rescate por ellas.

¡Libérenlos ya!

Mientras usted lee estas líneas, hay en La Hoyada, en la sede de los tribunales, varios jóvenes cuya suerte está a punto de decidirse. Son los grandes olvidados –y verdaderos afectados– de las protestas: muchachos que un día salieron a manifestar su descontento, fueron apresados por los cuerpos policiales de la dictadura y condenados por la (in)justicia revolucionaria. Adjetivos y valoraciones aparte, los hechos hablan con claridad: el grupo que se está presentando hoy en tribunales, detenido el pasado 12 de junio en Chacao, ha sido víctima de un ensañamiento judicial atroz: los pasaron de un tribunal ordinario a uno de terrorismo, presidido por una jueza siniestra llamada Angy Canelón que les imputó delitos que sobrepasaban su competencia, que se regodeó ante ellos diciéndoles que los iba a mandar a todos a Tocuyito, que le pidió a la (f) Fiscalía, pasados 45 días del juicio, que les cambiara los delitos por unos más graves, que le extendió el plazo a la Fiscalía para que buscara más pruebas –que no las hay–, y que ahora ha optado, sencillamente, por no decidir. Y en su indecisión, los muchachos van perdiendo vida. Es lo que pasa, por ejemplo, con Carlos Julio Velasco, un rescatista de 18 años al que agarraron ese día auxiliando a un hombre mayor, que no pudo estar en su acto de graduación de bachillerato, y que actualmente casi no camina: padece un hidrocele testicular que requiere una operación urgente –que le han negado–, cálculos en los riñones –que han devenido en cólicos nefríticos–, y depresión severa. Es el caso, también, de Carlos Pereira, el escritor de las marchas, que sufre de un nefroma quístico –cuyos tumores no han dejado que se le estudien, por lo que podría tener un cáncer no diagnosticado–, hipertensión arterial tipo II, ataques de pánico recurrentes y una depresión severa que lo llevó a intentar suicidarse con un lápiz hace días en la celda. Son solo dos de los casos cuya suerte está a punto de decidirse hoy y para los que exigimos, con toda firmeza: ¡LIBERTAD YA!

RESEÑA: Esplendor de Portugal – António Lobo Antunes

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

De ‘Esplendor de Portugal’, la 13va novela de António Lobo Antunes, se puede decir lo mismo que de la mayoría de sus libros: que se trata, sencillamente, de una obra de arte. Lo que este escritor portugués (inexplicablemente todavía sin un Nobel en su vitrina) ha venido haciendo con la literatura (o de la literatura) es algo digno de ubicarlo en el mismo nivel de los grandes autores universales, y que, no hace falta una bola de cristal para ello, muy seguramente lo pondrá, pasados los años, en la categoría de los clásicos; porque eso, clásicos, es lo que Lobo Antunes escribe: libros inmunes a la corrupción del tiempo y de la muerte, inmortales.

Hablar de historia o trama en sus novelas es siempre un ejercicio complicado, ya que en su estilo (ese dejar fluir la conciencia de sus personajes, sus recuerdos, sus memorias y sus obsesiones) hay más de introspección que de acción. Sin embargo, en este caso bien se podría resumir todo diciendo que el libro va de la decadencia de una familia de colonos portugueses en Angola; una familia que en los mejores tiempos, en aquel esplendor de Portugal (de allí el título), fue a vivir para allá pero que luego, dos generaciones después, con la pérdida de la colonia, pierde también todos sus privilegios.

La estructura del libro hace recordar un poco a la de ‘Mientras Agonizo’, de Faulkner, con sus varios narradores: Isilda, la madre, y sus tres hijos: Carlos, Ruy y Clarisse. De los monólogos de cada uno de ellos está construida la novela, que se encuentra dividida en tres partes, una por cada hijo, quienes alternan sus monólogos con el de su madre. El libro arranca la noche del 24 de diciembre de 1995. Ya para ese entonces los tres hermanos tienen años en una Lisboa a la que no pertenecen, mientras su madre continúa aún en una Angola que ya no reconoce, asediada por la guerra civil. Carlos desde su apartamento, Clarisse desde el suyo, Ruy desde el sanatorio de enfermos mentales en el que se encuentra recluido e Isilda desde la vieja casa donde vivieron, comienzan a recordar, a dejar fluir todo lo que tienen en su mente.

Como todos los libros de Lobo, este tampoco es fácil. Requiere paciencia para poder superar el estupor inicial que produce ese no entender nada de las primeras páginas, y luego bastante atención para no perderse ni salirse de la historia: fragmentada, repleta de saltos en el tiempo y de voces, muchas voces, que a veces entran, salen y se alternan de modo intempestivo. Sin embargo, por recompensa se tiene una historia magnífica, la posibilidad de entrar a la mente, al universo más íntimo de esos personajes, conocerlos a un nivel, con una profundidad, de la que solo la buena literatura permite. Es sencillamente mágico (perdón por la categoría esotérica) lo que sucede en el momento en el que uno logra acceder a la historia y permanecer en ella. Una verdadera experiencia que es capaz de remover los sentidos y tocar la fibra más íntima del lector.

Con respecto a la escritura, bien se puede decir que es poesía en prosa. Son preciosas las imágenes que va creando Lobo con una prodigalidad admirable. El libro está lleno, repleto, de ellas. Y son ellas, precisamente, las que de algún modo ayudan a equilibrar ese pesimismo, esa melancolía y ese desencanto que hay en los personajes, la gran tragedia que es esta historia del esplendor (perdido) de Portugal.

Esplendor de Portugal

Autor: António Lobo Antunes

Fecha: 1997

Páginas: 391

Calificación: 10/10

RESEÑA: ‘El secreto de sus ojos’

Peliculón inolvidable, obra maestra, joya cinematográfica moderna. ‘El secreto de sus ojos’ (2009) es todo lo que está bien en el séptimo arte: actuaciones ultraverosímiles; una trama compleja, atrapante y alejada de los clichés; una dirección impecable en todo sentido y un desenlace de esos que perduran en la memoria.

Con Ricardo Darín a la cabeza –ya puede decirse: uno de los mejores actores latinoamericanos de siempre–, ‘El secreto de sus ojos’ cuenta una historia dramática que gira en torno a un caso de violación y homicidio no del todo resuelto.

Narrada en dos tiempos, la película mezcla los mejores elementos del relato policíaco con una subtrama romántica y un sutil pero imprescindible toque de humor a cargo del simpático Pablo Sandoval. Interpretado por Guillermo Francella, a este personaje secundario se le atribuye una de las frases más emblemáticas del film: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”.

El largometraje aborda una problemática latinoamericana: la mano negra del sistema judicial, capaz de dejar en libertad a violadores y asesinos mientras hace todo lo posible por mantener a raya a aquellos que pretendan hacer cumplir la justicia con dignidad. Casos sobreseídos, delincuentes en cargos públicos y civiles que, ante la falla del poder judicial, deciden condenar a criminales con sus propias manos, son solo algunas de las consecuencias de la deleznable actitud de los que deben, y no quieren, hacer que las leyes se cumplan.

El film ganó el Oscar a mejor película extranjera en el 2010 y Ricardo Darín fue alabado por medios, críticos y cinéfilos gracias a su papel de Benjamín Espósito, un fiscal al que le toca el caso más duro de su vida y que se niega a dejarlo sin resolver. “Como los grandes actores de cine, te permite ver adentro de sus ojos. No es una mirada que actúa, es una mirada que vive”, dijo de él Juan José Campanella, el director de la cinta. Y cierto es que sólo por su interpretación el film valdría la pena, pero, como ya dijimos, ‘El secreto de sus ojos’ es todo lo que está bien en el séptimo arte.

¡Estos son los grupos del Mundial!

Ya pueden armarse las quinielas, hacerse los pronósticos y cuadrar las inasistencias laborales y universitarias. Hoy en el Palacio del Kremlin se realizó el sorteo para la Copa del Mundo del año que viene y ya se conocen los grupos, los cruces y los horarios que definirán al próximo campeón.

La mala noticia, de entrada, es el partido inaugural: el Rusia – Arabia Saudita quizá sea el encuentro con menor cartel de todo el torneo, cosa que no impedirá que el jueves 14 de junio de 2018 el planeta entero esté frente al televisor a las 11 de la mañana.

El mejor partido de la fase de grupos se jugará el día siguiente: Portugal se enfrentará a España a las 2 p.m. del viernes 15. Ese grupo, el B, es el único que tiene a dos selecciones candidatas para levantar la copa, mas no es considerado el de la muerte, calificativo que se disputan el D (Argentina-Islandia-Croacia-Nigeria) y el F (Alemania-México-Suecia-Corea del Sur), aunque, en general, el sorteo ha sido tan parejo que cuesta definir la zona más complicada.

Durante la primera fase habrá tres partidos diarios casi todos los días. En Venezuela los horarios serán 8 a.m., 11 a.m. y 2 p.m., salvo el 16 de junio, que están pautados cuatro juegos (6 a.m. – 9 a.m. – 12 m – 3 p.m.) y las jornadas finales de cada grupo, en las que se disputarán encuentros a las 10 de la mañana.

Jugando a los pronósticos, en @RevistaOjo pusimos en semifinales un Francia-Brasil y un Alemania-España. ¿A quiénes ven en esa fase? ¿Qué selección levantará el trofeo? Pueden hacer sus predicciones aquí.