Vargas Llosa marchó y habló duro contra el nacionalismo catalán

De bien nacidos, dice el refrán, es ser agradecidos. Y si alguien tiene que darle gracias a Barcelona, ése es Mario Vargas Llosa. Fue allí donde le publicaron sus dos primeros libros –‘Los Jefes’ y ‘La ciudad y los perros’–. Fue allí donde conoció a Carlos Barral (su editor) y a Carmen Balcells (su agente), los dos pilares de su carrera literaria. Y fue allí, a confesión propia, donde se hizo escritor. Se mudó a la ciudad en el verano de 1970, llevado por Balcells, quien le ofreció $500 mensuales –lo que ganaba dando clases en Londres– para que se dedicara sólo a escribir, sin tener ninguna otra distracción ni obligación. “El ambiente de Barcelona era estimulante. Fueron años muy fecundos, de gran camaradería y amistad. Existía un clima de mucha esperanza, la seguridad de que la dictadura se terminaba, de que hacía agua por todos lados, y que la España que vendría sería no solamente libre sino que en ella la cultura y la literatura jugarían un papel central”. Así la recordaba. Por eso, se entiende, ahora que la ciudad está en la víspera de caer bajo el yugo de otra dictadura, esta vez de corte separatista, se sumó a su defensa. Ya no el Mario joven de 34 años que allí vivió, sino el señor Nobel de 81, con menos cabello pero el mismo peinado –finalmente destrozado por el aire–. Vargas Llosa encabezó ayer, junto con otras personalidades, la que todo parece indicar ha sido la mayor manifestación de la historia reciente de España –la cifran en casi un millón de personas–, cuyo fin fue decirle no al totalitarismo nacionalista. “Queremos que Cataluña vuelva a ser la Cataluña capital cultural de España, como era cuando yo vine a vivir aquí, en unos años que recuerdo con enorme nostalgia”, dijo ante la multitud, en un enérgico discurso que no por improvisado fue menos bueno y que se trató, por encima de todo, de un acto de nobleza, valentía y coherencia, de un hombre que –a diferencia de tantos nuestros– no se escuda en su condición de ‘artista’ para callar y ser cómplice, sino que se mete en la candela y defiende lo que su conciencia le manda.

RESEÑA: ‘Sinuhé, el egipcio’ – Mika Waltari

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Mi nombre estuvo un día en el libro del faraón, y habitaba el palacio dorado a la derecha del rey. Mi palabra tenía más peso que la de los poderosos (…) Tenía cuanto un hombre puede desear, pero yo deseaba más de lo que un hombre puede obtener. He aquí por qué estoy en este lugar: fui desterrado”. Con esas intrigantes palabras arranca uno de los grandes clásicos de la literatura histórica del siglo pasado: ‘Sinuhé, el egipcio’, de Milka Watari, una novela que se ha vendido y leído mucho (ha sido traducida a 40 idiomas y desde su publicación en 1945 no ha dejado de reimprimirse), que se llevó al cine con mucho éxito y que catapultó a su autor a la fama. Se trata de una obra maestra del género, que le tomó a Watari por lo menos una década entera de investigación para poder recrear –y con mucho acierto, según los egiptólogos, que la elogiaron como una de las más exactas representaciones que hay de aquella época– la vida y costumbres del Egipto de los faraones. Es allí donde entra en escena Sinuhé, médico real, que ya anciano y desde el exilio hace memoria de su existencia.¿Cómo y por qué hombre tan poderoso terminó desterrado de la ciudad real y desencantado de los hombres? Esa es la pregunta cuya respuesta toma más de 700 páginas, en las que Sinuhé cuenta su vida de la niñez a la vejez. Vida en la que hay aciertos y desaciertos, momentos felices y trágicos, fracasos, victorias, derrotas, poder, intriga y mucha nobleza, que eso, por encima de todo, es Sinuhé: un personaje noble que conoció tanto la grandeza como la miseria del mundo en una época de la que nos separan tres milenios, pero en la que el hombre, al final, no era muy diferente al de ahora. Y he allí, seguramente, la clave de su éxito: en que nos muestra que, costumbres y creencias apartes, en el fondo hemos sido (y seguimos siendo) lo mismo; y que siempre nos hemos movido (y nos seguimos moviendo) por lo mismo: pasión, belleza, dinero, ambición y poder. Se trata, pues, de un libro bueno y bien escrito, que aparte de transportarnos a otra época, también nos lleva a reflexionar sobre nosotros y nuestra condición, tal y como hace la buena literatura.

RESEÑA: ‘La vida en rosa’

A Edith Piaf la existencia siempre le pesó. La vida, para ella, fue un martirio que duró 47 vueltas al Sol. Una niñez de tumbos, pobreza, malnutrición, ceguera temporal y abandono, en medio de la prostitución y la calle; una madurez conseguida a punta de talento, carisma y alcohol; y una prematura vejez marcada por la artritis, los accidentes de tránsito y la trágica muerte de su amado Marcel Cerdan, desgracias todas que únicamente la morfina –una fuerte dosis de morfina diaria– podía aliviar. Y así se le fue consumiendo la vida, tratando de resistir un día a la vez. Sólo las inyecciones lograban que su cuerpo se callase, sólo ellas le permitían permanecer en la Tierra sin sentirse parte del Infierno. A Edith Piaf la existencia siempre le pesó y Marion Cotillard, esa extraordinaria actriz, se encargó de dejarlo claro en ‘La vida en rosa’, una película biográfica en la que la protagonista merece absolutamente todos los elogios. Si cada persona tiene su perfume particular, puede decirse que Cotillard te permite oler, sentir, a Piaf durante más de dos horas: sus gestos, sus dolores, su forma de cantar, amar y ver el mundo. De que la escuches se encarga la propia Edith, quien le presta su mítica voz a Marion cada vez que se sube al escenario. ‘La vida en rosa’ es un film dramático, emocional, que recorre los contextos más sombríos por los que puede pasar un ser humano: el abandono, la soledad y la pérdida. Cotillard pone la actuación –Óscar en 2007– y Piaf el canto para hacer, quizá, uno de las mejores biopic que el cine ha visto pasar.

El panorama petrolero venezolano cada vez es peor

Venezuela se está quedando sin gasolina y no hay guerra económica, sanciones de Donald Trump o imperialismo a quien culpar. Corrupción y mala gestión son las claves que explican este improbable acontecimiento en un país petrolero. Los números son claros: el parque refinador de Venezuela –el que se encarga, entre otras cosas, de convertir el petróleo en gasolina– está operando apenas en 30% de su capacidad. ¿Por qué? Porque faltan inversión, repuestos, personal preparado, y, sobre todo, petróleo crudo (materia prima de las refinerías), cuya producción ha disminuido notablemente en revolución –de 3 millones de barriles diarios en 1998, estamos actualmente en 2,2 millones–. Así las cosas, Venezuela se está viendo actualmente obligada a importar la gasolina que ella misma podría producir. Y si fuéramos aquel país boyante de los setenta, no pasaría nada: esta importación sería otro de los tantos derroches en los que caen aquellos que son ricos a punta de no trabajar. Pero la realidad es que somos un país pobre (saqueado), al que no le dan crédito y debe pagar de contado con un dinero que no tiene, razón por la cual apenas está pudiendo importar aproximadamente 100.000 barriles, lo que cubre, si acaso, un 20% de la demanda nacional…y ello, además, con una gasolina de un octanaje menor de 91. En resumidas cuentas, gracias a la revolución este país petrolero tiene hoy poca gasolina, y además mala y cara.

Hola, Kazuo

Probablemente europeo o asiático, adelantamos ayer. Y la Academia Sueca lo volteó y juntó: un asiático-europeo es el ganador del Nobel de Literatura 2017. Tal como vaticinamos, tras el paréntesis Dylan las aguas volvieron a su cauce y la Academia se decantó por lo clásico: hombre y novelista. Nacido japonés (1954), mudado a Gran Bretaña (1960) y finalmente nacionalizado inglés (80’s), Kazuo Ishiguro no entraba en ninguna apuesta, pero no le faltaban galones: ha recibido dos de los premios literarios más importantes del habla inglesa: el Costa Book (1986) y el Brooker (1989); tiene en su haber, también, las órdenes del Imperio Británico y la de las Artes y Letras de Francia, y su obra (siete novelas y un libro de relatos) se ha traducido (y vendido) en 28 idiomas, incluido el español con Anagrama. “Ha descubierto, en novelas de gran fuerza emocional, el abismo bajo nuestro sentido ilusorio de conexión con el mundo”, fue el galimatías usado este año por la Fundación Nobel para justificar la elección, que luego, como es usual, fue traducido por Sarah Danius, la Secretaria Permanente de la Academia, ante la prensa. “Es un novelista absolutamente brillante (…) una mezcla de Jane Austen y Kafka [con] un poco [no demasiado] de Proust”, explicó Danius, quien esta vez no tuvo que hacer los malabares del año pasado para defender a Dylan. “Es alguien que está muy interesado en comprender el pasado”, apostilló sobre el premiado, que ha construido su narrativa teniendo al tiempo, la memoria y la nostalgia como ejes temáticos. ‘Los restos del día’ (1989) es su novela más aclamada, y fue adaptada al cine en 1993 bajo el título de ‘Lo que queda del día’, con Anthony Hopkins y Emma Thompson como protagonistas. “[Recibir el Nobel es] un honor magnífico, principalmente porque significa que estoy siguiendo las huellas de los más grandes escritores que hayan vivido, así que es una increíble distinción”, le declaró esta mañana a la BBC, medio por el que se enteró del premio, ya que la Academia Sueca no lo había contactado. “Pensé que era un engaño”, dijo.

Teresa de la Parra, una de las grandes escritoras

Jueves de octubre, jueves de Nobel, jueves (este sí) de Literatura en mayúscula. Ocasión propicia para festejar el premio (¡por fin!) bien entregado y conmemorar también el nacimiento 128 de una de nuestras glorias, la que probablemente sea la escritora más grande que ha tenido Venezuela: Ana Teresa de la Parra Sanojo. Mujer, aristócrata y buena parte del tiempo extranjera, nada de ello obstó para que De La Parra escribiera (y bien) sobre Venezuela. Logró, desde la distancia, expresar en su obra, condensar en ella, el ambiente íntimo y familiar de aquel país que fuimos a principios del siglo pasado. Bajo el seudónimo de “Fru Fru” publicó un par de cuentos en ‘El Universal’ para luego firmar en dos importantes publicaciones literarias de la época: ‘Actualidades’, de Rómulo Gallegos, y ‘Lectura semanal’, de José Rafael Pocaterra. En 1924, en París, publicó la que será su novela insignia, su obra más premiada y elogiada: ‘Ifigenia’. Con ella ganó el primer premio de Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa y se consagró como una de las escritoras más importantes de Latinoamérica, hasta llegar a ser puesta al lado de la poeta y Nobel chilena Gabriela Mistral, de quien terminaría siendo amiga. La novela la protagoniza una joven de 18 años llamada María Eugenia, que regresa a Caracas, luego de una larga estadía en Europa, para encontrarse con que ya no tiene herencia ni fortuna, lo que la obliga a vivir en la casa de la abuela y procurar un buen matrimonio que le garantice un futuro. La novela, una de las grandes cimas de nuestra literatura, retrata a la Venezuela de principios del siglo XX, sus estrictas normas morales y su corrupción, y esconde algunas críticas veladas a la dictadura gomecista. A 128 años del nacimiento de su autora, desde ‘Revista OJO’ la recordamos y festejamos, a la par que rogamos encarecidamente que el dictador, sus ministros y varios políticos de la oposición tomen consejo y, por favor, lean el diccionario para que dejen de decir tantas burradas.

Desde Rusia con temor

“Venezuela es un estado fallido. Es una sola compañía: PDVSA, y esa empresa está a punto de colapsar. Dependiendo de la naturaleza del colapso puede ser tomada en un año por los rusos o por los chinos. Aunque puede ser en menos tiempo. Si leemos los contratos con cuidado veremos cuánto control de grandes partes de PDVSA pueden tomar los rusos si ésta no logra cumplir sus compromisos”. La advertencia la daba Steve Hanke, economista y profesor de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.), en una entrevista concedida a El Estímulo en marzo de este año. Hanke, quien en la revista Forbes había tachado a PDVSA como la peor empresa petrolera del mundo, aseguraba que la compañía podía quebrar al no poder pagar sus facturas y el gobierno tendría que rescatarla, pero al no tener dinero, las posibilidades serían menores y los acreedores terminarían tomando el control de la organización. Viaje relámpago de por medio, Maduro apareció esta semana en Rusia, reconoció que Venezuela había caído en default con el Kremlin y anunció, sin dar detalles, que el gobierno venezolano reestructurará la forma en la que saldará cuentas con Putin. Por ello, Henrique Capriles Radonski no tardó en decir que Nicolás había ido a Moscú a “mentir y pedir cacao para que le estiren más la liga, para que no le cobren y ver si le dan algo más de crédito”. Aparte de la factura pendiente con Rusia, el Gobierno debe pagar $3.5 millardos de deuda externa durante las próximas semanas y, aunque Maduro haya dicho que el país está listo para solventar esos compromisos, no es secreto que el chavismo está desesperado por dinero. El Kremlin es una mano amiga que puede ayudar, pero el tema central, el meollo del asunto, se encuentra en la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones? Puede que el señor Hanke vaya a tener razón. Recordemos que, como bien dijo Ramón Muchacho, Rusia y China son los principales países que sostienen a la dictadura. Maduro lo sabe y por eso tuvo que viajar para negociar, desde Rusia y con temor, la plata que le ayudará a sobrevivir los meses venideros.

Chao, Bob

El trovador de Minnesota tiene el tiempo contado. Es apenas cuestión de horas –menos de 24, de hecho– para que la Academia Sueca dicte sentencia y nombre a su sucesor en el Nobel de Literatura, que será, todo parece indicarlo, un hombre (o mujer) de letras, entre novelista y ensayista, como mucho poeta, puede que de Europa, quizás de Asia, pero escritor sin duda. Nada de músico, rapsoda, declamador o compositor, como el año pasado. Tampoco guionista, libretista, caricaturista o ilustrador de cómics, como soñaban algunos a partir de la decisión de 2016. La Academia Sueca todavía acusa recibo del golpe (desprecio del premiado, repulsa de los académicos y desconcierto de sus usuales), pasa por horas de baja credibilidad (de poco le sirvió el aplauso del ‘star sistem’) y por ello todo apunta a un repliegue, que se traducirá en una decisión tradicional. Atención, entonces, a Ladbrokes, la popular casa de apuestas británica, que luego de patinar el año pasado podría, tal vez, aproximarse un poco esta vez. Su top 5 lo encabezan Ngugi Wa Thiong’o (novelista, dramaturgo y ensayista keniano), Haruki Murakami (eterno candidato japonés), Margaret Atwood (prolífica y muy premiada poeta, novelista y crítica literaria canadiense), Ko Un (poeta y escritor surcoreano que se recluyó una década en un monasterio budista tras ser herido en la guerra de Corea) y Yan Lianke (censurado y perseguido novelista chino, opositor al régimen comunista). En el puesto 6 están empatados Amo Oz, poeta israelí de gran valía, y el novelista español Javier Marías, el candidato con más probabilidades en nuestra lengua. Si por ‘Revista OJO’ fuera, Antonio Lobo Antunes, el genial novelista portugués, o Philip Roth el fenomenal autor norteamericano, eternos candidatos ambos, serían dos fantásticos merecedores del galardón. Pero es demasiado pedir. De la Academia Sueca no esperamos mucho, solo la sentencia, que será anunciada mañana a las 7 AM, hora de Venezuela.

¿No hay hambre Delcy Eloína?

Recién nombrada presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez dio un discurso ‘made in’ chavismo, repleto de lugares comunes y palabras desgastadas: que si la derecha esto, que si el fascismo aquello, que la culpa es del Imperio y que el gobierno bolivariano, ahora sí, gracias a la ANC, tendría el poder suficiente para combatir la guerra económica. Una frase, no obstante, se salió del clásico guion y retumbó en los portales de noticias y las redes sociales: “En Venezuela no hay hambre”. La hasta hace meses Canciller de Venezuela, encargada de defender a capa y espada el proceso revolucionario en los organismos internacionales, aseguraba que en el país no había crisis humanitaria, que en la tierra de Bolívar lo que había era amor (¿?). La aseveración contrastaba con los estudios de profesionales como Susana Raffalli, nutricionista especializada en gestión de seguridad alimentaria, quien había estado anunciando, pruebas en mano, que en Venezuela no había una crisis, sino, mucho peor, una emergencia humanitaria. Es decir, no sólo es que en el país había falta de bienestar y pérdida de vidas a causa de la desnutrición, sino que el problema había escalado tanto que ni con recursos excepcionales el Estado iba a poder detener el hambre. Hoy, casi dos meses después de la infausta declaración de la señora Rodríguez, Raffalli ha dado en el programa de César Miguel Rondón unas cifras desgarradoras: en Venezuela están muriendo entre 5 y 6 niños semanales por desnutrición frente a un gobierno al que no le preocupa el tema. “A este nivel en el país se tendría que estar hablando no solo de darle a la población alimentos sino también de proveer productos medicinales para salvar a niños con desnutrición severa”, afirmó la especialista. Pero no se ha hecho. Hasta ahora, el gobierno ha recomendado criar conejos y sembrar quinchoncho. Dos medidas tanto insólitas como ineficientes.

Maduro hasta 2018…si la oposición juega bien

‘Default’ en octubre y salida de Maduro tres meses después. Ese es el escenario que maneja el abogado, escritor y periodista español César Vidal para Venezuela. “En octubre, Maduro se enfrenta con un vencimiento de deuda que puede concluir con una suspensión de pagos nacional, quiebra soberana o default, como ustedes quieran denominarlo. Es cierto que hace unos meses Goldman Sachs acudió en ayuda del régimen chavista comprando un trozo de deuda descomunal. Sin embargo, no parece que semejante balón de oxígeno se pueda repetir y sobre todo que lo haga en las proporciones necesitadas por los chavistas. Si a eso se añaden las medidas adoptadas por Donald Trump para limitar el comercio con Venezuela, hay que llegar a la conclusión de que pinta de color hormiga para el régimen chavista. ¿Qué va a suceder entonces? Si Maduro no logra renegociar la deuda –y sería un milagro conseguirlo– su permanencia en el poder podría quedar limitada a algo más de un trimestre a partir de la quiebra soberana”, escribe Vidal en un texto colgado en su blog. Pero ni tan fácil ni tan rápido. El analista pone un si condicional para que ello suceda: la oposición. “El chavismo quedará tan debilitado que podría caer, pero sólo si la oposición aprende a ir más allá, mucho más allá, de las concentraciones en la calle, los cortes de la circulación y los muchachos lanzando cócteles Molotov a la policía. [Sería necesario] que consiguiera unirse de una vez y alcanzara a fraguar algún tipo de plan conjunto que fuera más allá de desplazar a Maduro de la presidencia”. Para Vidal, ya es poco lo que el Papa Francisco y Zapatero pueden hacer a favor de la dictadura, razón por la cual “si esta vez la oposición venezolana logra aprovechar la ocasión de octubre estará más cerca del triunfo que nunca”. Vaya su palabra por delante.